Claudio Martínez dice que con el hallazgo de Muñoz Hoffman cierra un círculo
«Esto fue un lunes 30 de diciembre, como el 30 de diciembre que acaba de pasar, que también fue lunes», dice Claudio Martínez Cerda, arquitecto y director de Gendarmería ese día de 1996, cuando cuatro frentistas se fugaron en helicóptero de la Cárcel de Alta Seguridad de Santiago. «Esto fue una situación muy traumática, muy perturbadora para mi propia vida», explica.
Cree que el hallazgo en Bolivia de Pablo Muñoz Hoffman (ver nota arriba), uno de esos cuatro fugados, «cierra un círculo»: «Me da tranquilidad que se vayan atando todos los cabos sueltos, más allá de resoluciones judiciales. Significa cerrar un período muy importante de mi vida».Pablo Muñoz Hoffman era el único de este grupo que integraban Mauricio Hernández (preso), Patricio Ortiz (libre tras prescripción) y Ricardo Palma (asilado en Francia). «Muñoz Hoffman estaba en calidad de fugitivo. Fugarse ha sido un pésimo negocio, porque le ha significado 29 años de clandestinidad. No sabemos cómo, con qué nombre, con qué medios. Las fugas, especialmente de este tipo, son altamente espectaculares, generan mucha adrenalina y simpatía. Eso no se puede negar. Pero a la larga no son personas que estén libres. Fugarse y mantenerse permanentemente prófugo es una forma de prisión», reflexiona Martínez.
Usted escribió un libro sobre este tema. Han pasado muchos años y siempre ha estado pendiente.
«Significó un trastorno severo en mi tema familiar, pero luego hice un proceso de recuperar mi profesión, recuperar mis intereses, y me reinventé de algún modo. Escribí un libro que se llama Punto de fuga, que ha sido bien exitoso en ventas, en el que relato en detalle las circunstancias previas a este evento, por qué se generaron las condiciones para que fuera posible, y luego el rescate en sí mismo. Transformé un problema en una oportunidad».
¿Podemos hablar de obsesión?
«Es posible. El tema lo he seguido. Yo digo que tengo un segundo oficio, que es mi interés por el tema penitenciario».


