Son armas decomisadas y entregadas voluntariamente
En una siderúrgica de Colina se fundieron 33 toneladas de armamento.
Hace 20 años que la empresa Aceros Aza colabora con los gobiernos de Chile en la destrucción de las armas que anualmente decomisan las policías, dan de baja las Fuerzas Armadas o son entregadas voluntariamente por la ciudadanía.
Con el fin de darle un seguimiento al material reciclado, que en este caso corresponde a 24.402 armas que pesan 33 toneladas, la siderúrgica decidió reciclar el acero para transformarlo en las barras de refuerzo que se utilizarán en la construcción de una sala sicosocial, en una escuela básica de Maipú.
El proceso para convertir las armas en material de construcción tiene tres etapas. En la primera, un imán con capacidad para transportar hasta quince toneladas y que mide 2 metros de diámetro se encarga de transportar las armas hasta un contenedor.
En el segundo paso, ese contenedor, que es manipulado desde una caseta, se vierte sobre un horno que transforma las armas en chatarra líquida de acero. El resto de los materiales, en tanto, son desintegrados en el horno que alcanza temperaturas superiores a los 1.500° Celsius. En este caso 1.608,1 grados.
La tercera etapa consiste en darle forma de lingote al acero líquido, por medio de un molde de cobre.
Ese lingote, cuando alcanza los 400° Celsius, es enviado a la última etapa del proceso en el que se lamina y adelgaza hasta convertirse en barras de acero de refuerzo, que son usadas en distintos tipos de construcciones. En ese proceso se utiliza agua para evitar que el acero se quede pegado en los rodillos aplanadores.


