El gimnasta de 39 años evalúa retornar a las pistas para despedirse como corresponde
No quiere que Tokio 2020, marcado por las restricciones de la pandemia, haya sido el último gran hito de su carrera, por lo que analiza competir en la Copa del Mundo.
Confiesa que lleva un tiempo evaluando volver a competir para despedirse como se debe. Tomás González (39), el mejor gimnasta chileno de la historia, se resiste a aceptar que los Juegos Olímpicos de 2020, que por la pandemia se celebraron un año después y a puertas cerradas, haya puesto punto final a su dilatada carrera internacional, y por lo mismo, no oculta su deseo de ejecutar por última vez una de sus elaboradas rutinas en suelo y sentir el aliento de los fanáticos.
Y aunque sabe que materializar su anhelo no será sencillo, explica qué lo impulsa a emprender este desafío: «Siento que Tokio fue como excepcional, por todo el tema del Covid. Fue un poquito incómodo, por así decirlo, competir en esas circunstancias, y todavía le doy vueltas al tema de poder despedirme de las competencias, pero ya como en una atmósfera más normal».
¿Volvería entonces para despedirse como se debe, Tomás?
«Sí, cumplo 40 años en noviembre, pero sigo entrenando. Obviamente en menor volumen porque lo hago para mantenerme en forma, pero me he dado cuenta que, físicamente, me siento súper bien, las lesiones no me han molestado porque tampoco entreno con la intensidad de antes. Quizás vuelva para algunas fechas de las Copas del Mundo, ahí tengo que empezar a darle vueltas, porque el ambiente de la gimnasia en Chile es complejo. Habrá gente que me va a hacer la vida imposible, por así decirlo. Entonces, tengo que ver bien a quién anota la federación, y luego ver si estoy dispuesto a aguantar el tema del ambiente, porque a muchos no les va a gustar».
¿A quiénes, por ejemplo?
«Es que hay un límite de cupos para las competencias, y obviamente estaría ocupando uno, y a muchos quizás no les guste, porque les gusta viajar, pero no competir. Hablo de las Copas del Mundo, que hay varias fechas al año, y es una modalidad de especialistas, o sea, no es necesario hacer todos los aparatos, sino que uno puede ir a hacer su especialidad, que en mi caso es el suelo. Aunque la mayor parte de las fechas son en Europa, tendría que analizarlo bien, y luego empezar a ver si logro planificar algo para estar a punto para competir, así que en marzo tendría que tenerlo definido».
¿Sería como una despedida soñada?
«Sí, o sea, más real, más definitiva, en una situación normal, porque Tokio fue bien complejo para todos. Allá la situación fue muy distinta. Al no poder entrenar la cantidad de horas necesarias también provocaba una impotencia, porque en Chile nos tenían muy limitados».
Lo vimos como espectador en Paris 2024, ¿sintió nostalgia luego de tres Juegos Olímpicos como deportista?
«Claro, estuve desde Londres 2012, donde logré los dos cuartos lugares; luego Rio 2016, donde nuevamente fui finalista en salto, y terminé 7º. Y ya Tokio fue mi despedida olímpica. Ir como espectador lo disfruté muchísimo, además que París es una ciudad hermosa. Y estaba con unos amigos, así que fue súper entretenido».
¿Y qué deportes pudo ver?
«Como fui por mi cuenta, pagándome todo, fue súper difícil comprar entradas, porque se agotaron muy rápido. Había que anotarse en una lista de espera para optar a comprar, y no quedé en todas las que quería. Con la gimnasia no hubo caso: postulé, pero no quedé. Postulé de nuevo, busqué reventa, y ya lo único que quedaba eran de seiscientos y tantos euros. Entonces, no, imposible. Fui a waterpolo, a natación y al beach volley, donde pude ver a los Grimalt, ahí en la Torre Eiffel. En ese tiempo estaba grabando Top Chef VIP y me topé ahí con el área deportiva de CHV. Les dije que iba a estar allá por si necesitaban algún despacho o algo, pero no me pescaron».
¿Qué sintió cuando vio a Francisca Crovetto y Yasmani Acosta con sus medallas en París?
«Un orgullo máximo, porque uno sabe lo difícil, lo casi imposible que es ganar una. Yo estuve rozando las medallas, pero lograr una, del color que sea, es algo inimaginable. Siendo chileno es algo único y me siento súper orgulloso de que ellos estén llevando la bandera de nuestro país a lo más alto. Eso es algo que nos debería enorgullecer muchísimo a todos y valorarlos».


