Alexis Pinochet, jugador de handball en silla de ruedas, se tomó el problema con calma
Llega un compañero y me dice que al parecer me habían robado el auto. Yo, incrédulo, salí y efectivamente me lo habían robado, cuenta.
Un robo de auto no es cualquier cosa, pero para Alexis Pinochet, jugador de balonmano en silla de ruedas y parte del equipo Vikingos Adaptado, el torneo era más importante.
Mientras disputaba el Torneo de Handball en silla de ruedas «Decio Calegarien», en el Gimnasio Municipal de Cerro Navia, le robaron el auto en el que se transportaba, un Kia Rio 5, plateado, que usa no solo para movilizarse, sino también para transportar su silla y sus bastones. A pesar del shock, Alexis decidió concentrarse en el deporte y jugó la final.
«Me enteré cuando estaba en el torneo. Estaban terminando unos partidos para definir los puestos, y llega un compañero y me dice que al parecer me habían robado el auto. Yo, incrédulo, salí y efectivamente me lo habían robado», relata Alexis.
Tras confirmar el robo de su auto, del que alcanzó a salvar la silla y la prótesis de su pierna derecha, fue a Carabineros a dejar constancia. Luego, volvió al gimnasio para enfocarse en la final frente a Yobilo.
«Decidí seguir jugando. Ya había puesto la constancia y ya estábamos en las finales. Alcancé a volver después de pasar por Carabineros para apoyar al equipo, porque al final igual es un deporte colectivo y todo suma», asegura. Su equipo, los Vikingos, siempre lo apoyó: «Juan Carlos, el capitán, me llevó en su auto a Carabineros, y Johnny me ayudó con la silla. Después tuvimos una junta de equipo para distender el mal día».
A pesar de su determinación, Alexis reconoce que el robo afectó su desempeño en la cancha. «Sí, yo creo que igual me afectó el incidente del robo en el rendimiento de la final. Mi mente estaba en otro lado, pero el handball en silla de ruedas es un deporte colectivo. Si uno no está, hay un compañero que va a estar, y sentí el apoyo de mi equipo en ese sentido», dice con tranquilidad.
Terminó cayendo en la final, pero Alexis no pierde la perspectiva: «Pucha, igual me siento tranquilo. Yo sé que espero que aparezca el vehículo. Igual la vida sigue, es algo material. Lo bueno es que no me pasó nada a mí ni a mi hijo, ni a los que estaban conmigo. Me quedo con eso. Lo material pasa», reflexiona.
En el auto, que estacionó afuera del gimnasio por falta de espacio en el recinto, llevaba pocas cosas de valor, pero tenía los bastones que usaba para transportarse cuando estaba lejos de la silla. Sin embargo, una pérdida le pesa especialmente: «El más valorado sería un poncho que me había regalado mi tía, lo trajeron de Chiloé y ya tenía veintitantos años. Es el valor sentimental más que el valor monetario».
Alexis, quien vive en Conchalí usaba su auto para llegar a su trabajo, en Batuco, en «Transporte Transap», como coordinador de transporte, y para movilizar su kayak, otra de sus pasiones. Ahora enfrenta el desafío de movilizarse en transporte público: «En el auto me demoraba como 30 o 40 minutos, pero en locomoción colectiva me demoro como una hora y media. Tendré que levantarme mucho más temprano para ir al trabajo», explica.
Sin embargo, lejos de rendirse, Alexis sigue adelante con su vida y su deporte. «Como mensaje, seguir haciendo deporte. Al fin y al cabo, el deporte no tiene la culpa de estas cosas. Hay que tomarlo como terapia para salir un rato de los problemas. Todos tenemos problemas y hay que darle para adelante», concluye con una sonrisa.
Ahora, Alexis espera que su auto, patente CZXD-97, aparezca pronto. «Tiene dos barras arriba, que no es característico de ese vehículo, que lo uso para transportar la silla y también el kayak», asegura.
Mientras tanto, sigue entrenando y enfocándose en lo que más le importa: el balonmano y su equipo. «Esto es un trabajo en equipo. Todos nos apoyamos unos a otros, y eso es lo que me deja tranquilo», cierra el deportista, que demostró que ni el peor de los días puede frenar su pasión.


