Su departamento es el punto de encuentro de las amigas de su hija, que ya no se pueden bañar
Abogada explica que ya no es factible que un edificio prohíba totalmente las visitas a una piscina si son invitados de residentes permenantes.
El problema comenzó en plena temporada de calor: su departamento se ha convertido en el punto de encuentro de las amigas de su hija, que cursa cuarto básico.
«Es normal que los fines de semana reciba a las compañeras de mi hija en la casa y ahora en verano también era un panorama: todas a la piscina del edificio en patota. Pero me empezaron a advertir que debía estar más restringido. Eso significa acatar las normas, porque hay un reglamento y se vive en comunidad, etcétera. Pero obviamente es una lata, porque es tu casa y son los niños quienes usan más la piscina», cuenta.
El asunto escaló y la administración envió una circular que indica que el uso de la piscina es exclusivo para residentes. O sea, están prohibidas las visitas y, de romperse esta norma, se podría aplicar una multa de 1 UF al infractor.
«Seguramente a alguien no le gustó ver tanta niñita chapoteando y corriendo», plantea. «Estos edificios son antiguos y todos nos conocemos las caras, entonces, si de pronto ven algunas invitadas más, lo notan al tiro».
Un poco rebelde de su parte, entonces.
«Sí, pues. No me pueden dejar a los niños sin piscina en el verano. Creo que deberían revisarse esos puntos del reglamento por las olas de calor. Imagínate estar mirando la piscina desde el balcón y no poder bajar. Es una crueldad».
Pero como dijo la otra vez, acá en Chile les gusta pedir permiso.
«Sí, hay que pedir permiso para todo, también para usar la piscina».
Siempre hay muchas reglas.
«Ese es el tema de vivir en comunidad: tienes que asumir que no vas a tener todas las libertades. Desde quién se estaciona hasta quién baja a la piscina o los decibeles de la música, el humo de la parrilla. Es medio azaroso. Yo no había tenido ningún problema hasta ahora, solo con el tema de la piscina».
Que pase la abogada
Claudia Poblete Illanes, abogada de la plataforma de administración Comunidad Feliz, explica que el reglamento de copropiedad puede establecer limitaciones a los usos de los espacios comunes, pero no de forma arbitraria o discriminatoria, como prohibir que vayan visitas a la piscina. Esto quedó más claro con la nueva ley de Copropiedad y su reglamento, que entró en vigencia hace pocos días. Las comunidades podrían determinar un número máximo de visitas por departamento, por ejemplo.
En su reglamento no puede ir ninguna visita. Es súper estricto.
«Ese tipo de limitaciones hoy en día no pueden estar en el reglamento de copropiedad de la comunidad, porque va en contra de lo que establece la ley. Prohibir completamente las visitas no está permitido».
Ella me mandó un informativo donde se prohíbe el uso de la piscina por visitas e incluso se multa por incidente.
«Eso va contra lo que establece la normativa actual. Si bien es cierto que el reglamento de la ley 21.442 en su artículo 10 permite limitar el uso de los espacios comunes, esto se refiere a los arrendatarios temporales, no a residentes permanentes».
En caso de que se limite a un máximo de visitas, ¿qué puede hacer como arrendadora para cambiar esto?
«Si hay una limitación en el número de visitas que pueden ir a la piscina por unidad, el arrendatario o propietario puede asistir a una asamblea de copropietarios para plantear el problema. De esa forma, se podría modificar el reglamento de copropiedad. Como última instancia, recurrir al Juzgado de Policía Local».
¿Por qué tanta regla?
Italo Lamas, experto en administración de comunidades, señala que muchos comités optan por restringir o incluso prohibir el acceso de visitas a la piscina para priorizar el uso de los residentes y asegurar el buen mantenimiento del área. Según comenta, uno de los factores principales es el aforo: la normativa vigente indica que se debe limitar la cantidad de personas en función de los metros cuadrados de la piscina.
Además, el sobrecosto de mantención es significativo. Con más personas en el agua, aumenta la necesidad de productos químicos, limpiezas constantes e incluso reparaciones. También, los visitantes suelen desconocer el reglamento interno, lo que puede provocar conductas inadecuadas: comer en el área de la piscina, entrar mojados al ascensor o llevar mascotas y juguetes inflables sin precaución.
Mi entrevistada no sabe quién notó que llevaba visitas a la piscina. ¿En su experiencia, quién es más sapo: los vecinos o los conserjes?
«En las comunidades, la tolerancia ya no queda solo en manos de los conserjes o la administración. Los vecinos se han convertido en quienes reportan las infracciones, porque están cansados de que no se respeten las normas. Pero no usaría la palabra sapo».
¿Qué palabra usaría usted en vez desapo?
«Yo usaría la palabra colaboración , porque, cuando alguien denuncia algo que va contra el reglamento, lo hace para proteger a la comunidad. Cuando un copropietario no respeta la normativa interna, puede generar mayores costos para todos. Por ejemplo, entrar mojado al ascensor puede causar un cortocircuito en el tablero, y reparar eso sale $1.000.000».


