Gladys del Río cuenta lo que vivió junto a su marido
El comediante lleva cinco meses hospitalizado, está en terapia neurológica y aún no puede caminar.
Es la que ha estado más firme junto a Jorge Pedreros desde que el comediante cayó a la clínica por una hemorragia digestiva. Pero a estas alturas, tras cinco meses de internación, Gladys del Río por primera vez se declara cansada. «Me siento encerrada entre cuatro paredes. Este fin de semana estuve pensando que tengo que volver a trabajar para producir. No saco nada con quedarme aquí esperando. Puedo hacer clases o volver a la televisión», confiesa en voz alta como si eso bastara para darse ánimo.
La pieza de Jorge Pedreros en la clínica Davila, con vista a la virgen del cerro San Cristóbal, se ha convertido en el nuevo hogar del matrimonio. Incluso este domingo le celebraron ahí los 68 años a «Espinita». La familia llegó con globos y fotos ampliadas que pegaron en las paredes. Y como el artista no puede comer torta, le pusieron una vela sobre una jalea y le cantaron igual el cumpleaños feliz.
Tratan de animarlo como sea. Gladys le llevó un teclado. Él hace armonías y hasta interpreta de memoria todas las canciones que compuso. De eso no se olvida. Gloria Benavides lo visita todos los días, le da la comida, lo ayuda a hacer sus ejercicios de rehabilitación y le canta.
«Él entiende más de que lo puede expresar», resume Gladys del Río. Y revela que «yo le pregunto si está chato y me dice que sí, que está chato y que no quiere hablar». «Lo iban a dar de alta el sábado pasado y justo le vino un vómito. Tuvieron que volver a hacerle todos los exámenes para saber por qué se había producido», cuenta.
-¿Cómo ha sido todo este proceso?
-Ha sido una agonía familiar. Tremendo. Quiero reponerme, hacerme el ánimo y volver a salir a la calle porque después de esto es difícil.
-¿Y qué dicen los médicos?
-Jorge no tiene masa muscular, no tiene fuerza y necesita una fuerte terapia física y neurológica. Un neurocirujano me dijo que él tenía un cerebro grande, de genio y que por eso había aguantado tanto.


