Kate Farmer usa almácigos y hace clases de agroecología en zona de sequía
Dejó su natal Winchester, hace once años, para estudiar desarrollo personal en la localidad de la región de Coquimbo, instancia donde además descubrió su interés por la tierra.
En esa época tenía 19 años y comenzó a estudiar desarrollo personal en la Fundación Alma Crea, instancia en que además tuvo acceso a cuatro hectáreas para aprender de agricultura de forma autodidáctica. El viaje debía durar unos meses, pero fue tanto lo que le gustó cultivar la tierra, que decidió rechazar una beca para estudiar geografía en Inglaterra y permaneció vinculada a la organización por diez años.
«Paihuano no estaba en mi mapa, pero me vine con una amiga que ya conocía el Valle del Elqui, donde estaba el centro de desarrollo personal, que luego pasó a ser fundación, y aprendí de programación neurolingüística y sicoterapia. Me retiré de la vida sin sentido que tenía en Inglaterra. En este espacio, además, aprendí a dibujar e ilustrar. El año pasado me di cuenta que necesitaba tomar mi propio camino; dejé la fundación y aproveché lo que aprendí de los habitantes de la zona», detalla.
«Las personas que se dedican a la agricultura familiar campesina observan su entorno, tienen una forma de vida muy honorable, pero también muy sacrificada, porque no cuentan con agua y vivir de esto es muy difícil», agrega.
Registro hídrico
Según la Dirección General de Agua (DGA), la estación Paihuano registra un acumulado anual de precipitaciones, correspondiente a 2024, gracias a las lluvias que se produjeron a mediados de abril.
«La DGA definió que nuestro canal en la Quebrada de Paihuano está agotado, porque termina antes de llegar al río Claro, entonces, significa que solamente aquellos habitantes que tienen derechos de agua, pueden utilizarlo. Es una forma muy horrible de dividir el agua», afirma la británica.
«He cultivado por muchos años hortalizas como zapallos, tomates y porotos, y almácigos con distintas variedades de arvejas, mostazas y lechugas, porque ya estamos entrando en invierno, estación que acá es muy corta, debido a que nuestro clima es muy seco. Utilizo semillas tradicionales porque tienen una mejor adaptación a este clima y son más resistentes», detalla. En su caso, el dueño del terreno donde tiene los almácigos es propietario de derechos de agua que le permiten acumular en un estanque. Y como es usuaria de Indap desde 2022 ha podido acceder a un estanque tipo australiano, maquinaria agrícola y asesoría técnica.
En la actualidad también se dedica a impartir clases sobre cómo diseñar una huerta agroecológica, de tipos de invernaderos y de agricultura familiar campesina, en el Liceo Mistraliano, en jardines infantiles y escuelas de Paihuano, junto con realizar un taller en el hospital de Vicuña. Además, está asociada a un apicultor de la zona para vender miel.
Kate Farmer transmite por el podcast Cuatro Huertas, que se puede escuchar en Spotify o Apple Podcasts, en su Instagram (@kate.la.farmer) y autoeditó un libro: «Huerto: un universo desconocido», enfocado en las implicancias que cultivar puede tener en la salud mental. Además, participa en varias instancias, como la Mesa Regional de Jóvenes Rurales y la cooperativa El Algarrobal.
De acuerdo con Santiago Rojas, director nacional de Indap, existe una sequía estructural de más de 13 años en gran parte de la zona central y centro norte. «En la región de Coquimbo estamos realizando un llamado para que los usuarios de Indap postulen a un concurso para obras menores de riego, que pueden ser acumuladores de agua o sistemas para mejorar la eficiencia del riego. Además, como hay un decreto de emergencia agrícola, se les reestructurarán los créditos y se condonarán los intereses. Además, estamos apoyando inversiones para mejorar la productividad en los procesos de elaboración de queso y leche de cabra».
La sequía es sin frutales
Según explica Juan Pablo Subercaseaux, economista agrario y profesor de la UC, en la región de Coquimbo, la sequía «tuvo efectos gravísimos. Hubo que arrancar frutales que consumían mucha agua, como es el caso de los paltos, que utilizan alrededor de 12.000 metros cúbicos al año, por olivos, que demandan 3.000 litros cúbicos al año. En el fondo, obligó a cambiar el concepto de rentabilidad por hectárea, por metro cúbico de agua».
Para el académico, «la región (Coquimbo) va a sufrir una transformación, pero la agricultura se mantendrá. Pasará de plantar frutales de alto consumo de agua por hectárea, a aquellos con menos requerimiento. Además, se optará por cultivos anuales, que se produzcan solo cuando esté disponible el recurso», opina.


