Aprendieron en sus colegios y universidades la teoría, pero nunca la pusieron en práctica.
El principal problema del Frente Amplio es que su primera línea no tiene oficio. Nunca trabajaron. Aprendieron en sus colegios y universidades la teoría, pero nunca la pusieron en práctica. Pasaron directamente de la sala de clases al gobierno. Los más experimentados hicieron una escala en el Congreso. Es como si estuvieran haciendo su práctica profesional en el Estado, y el problema es que ya ni vergüenza les parece dar.
Quizás, si hubieran trabajado un par de años antes de pasar de sus pupitres a sus despachos, el país estaría mejor de lo que está. Las campañas las habrían hecho con más responsabilidad, los recursos los habrían cuidado mejor, y los proyectos sociales se habrían ejecutado con mayor rigor. Pero, como estaban apurados por tomarse el poder, han ido saltando de desliz en descuido, dando excusas y admitiendo, incluso, que aún están aprendiendo.
Así, el ascenso de los aprendices le ha costado caro al país. Primero, por su rol en el estallido social y el proceso constitucional, dejando que el fuego nivelará la primera línea de la política solo para levantar su bandera después. Y luego, por la forma en que han conducido el país tras haber ganado, dejando todo lo importante atrás, y dedicándose a disfrutar de las exenciones y regalías del poder.
En parte, la responsabilidad es propia. Sabiendo que no tenían la capacidad de reemplazar a los que estuvieron antes ni la voluntad de abrirse a cooperar con los mejores, decidieron avanzar de igual forma. Pero, al mismo tiempo, no se les puede responsabilizar por lo que quizás no entienden, ni menos por querer reemplazar a una casta que se dejaría conquistar con facilidad por promesas baratas, pero vacías.
De cualquier forma, la responsabilidad también la tiene el andamiaje que, sabiendo bien el costo del bienestar, los ha impulsado a lo largo de los años, dándoles herramientas y fundamentos para llevar a cabo sus pulsiones revolucionarias. Si todos esos intelectuales, candidatos presidenciales y a diputados también, hubieran alzado la voz cuando correspondía, quizás el desastre se habría evitado por completo.


