Fernando Bórquez, líder del gremio, dice que la noche se acortó y ya nadie se queda hasta las 5 de la mañana
Hay nuevos patrones culturales, añade. La gente carretea en sus casas por una cuestión de costos y de seguridad.
Así lo observa Fernando Bórquez, presidente de la Asociación Nacional de Empresarios Nocturnos (Anetur), quien reconoce que luego de la pandemia hubo un cambio cultural que hoy está afectando al gremio.
«La gente empezó a carretear en su casa y eso quedó instalado. Le sale más barato, es más seguro, algunos invitados se pueden quedar y también se arman grupos más pequeños», describe.
Un segundo cambio fue la irrupción de las aplicaciones de citas.
«Antes, cuando uno quería conocer al amor de su vida tenía que ir a una discoteca o a un bar. Pero hoy muchos prefieren usar Tinder o cualquier otra plataforma», señala Bórquez.
Y un tercer factor es cierto temor a salir de noche, por la inseguridad.
«A la gente ya no le gusta salir hasta tan tarde. Por eso es que las discotecas hoy día tienen menos días de funcionamiento y menos horas de apertura. Bajo este escenario, es difícil sostener un negocio a largo plazo», sostiene.
¿Cree que nos volvimos más fomes?
«Ocurre que también tuvimos un estallido social que nos mantuvo mucho tiempo en nuestras casas. Los centros nocturnos tampoco podían abrir. Luego pasó lo de la pandemia y las discotecas estuvieron cerradas por casi dos años. Chile fue mucho más estricto que otros países. En Nueva York, por ejemplo, se permitió la apertura tras los confinamientos, lo que mismo en Buenos Aires. Acá el asunto demoró un par de meses. Y todo eso provocó que nuestras formas de entretención hoy sean otras. Aunque también el cambio tecnológico ayudó a dar un giro en las formas de conocer a una persona».
¿Y cómo les está afectando?
«Las ventas están muy flojas. Antes de la pandemia, uno podía salir a bailar un día martes, pero eso ya no existe. La noche se acotó a jueves, viernes y sábado, aunque ciertamente es más viernes y sábado. Antes también las discotecas funcionaban hasta las 5 y costaba mucho echarlos a todos, pero hoy a las 3 o 4 ya no queda gente».
¿Por qué cree que los parroquianos se van tan temprano?
«Muchos tienen miedo de salir hasta tan tarde, no hay mucho transporte público y los Uber se ponen caros a esa hora. Todos esos elementos han complotado contra la noche chilena».
¿Qué está haciendo el gremio para paliar esta situación?
«En economía se habla del fenómeno Kodak: hay que adaptarse o morir. Por lo tanto, hay que cambiar la oferta, hay que hacerla más atractiva y más entretenida. El tema es que también este negocio se ha convertido en un nicho de alto riesgo. Cambia la autoridad y cierra el local o le caduca la patente. Se ha tratado de criminalizar la vida nocturna, se dice que pasan cosas malas y que somos provocadores de cierto grado de delincuencia. Pero no lo somos, somos víctimas como todos los demás».
Pero qué acciones concretas implementan los locales.
«Primero, muchos han mejorado su seguridad. Algunos han instalado cámaras y detectores de metales en los ingresos. La idea es proporcionar un espacio seguro a las personas. También varios buscan ofrecer una oferta de espectáculo más potente, con DJs y ese tipo de cosas».
¿Y bajar los costos de las entradas o los tragos?
«Es que yo creo que la industria no resiste: los precios son los que son. Las personas detrás de este negocio tienen un montón de gastos asociados: arriendos, patentes, insumos y gastos de personal. Entonces, o se cobra entrada y los tragos son más baratos. O no se cobra entrada y los tragos son más caros. Esa es la forma de financiamiento de un lugar de esta naturaleza. Cada uno tendrá su modelo de negocio. Pero los precios ya están súper acotados».
El verano igual es un pequeño alivio para los empresarios nocturnos…
«Sí, sobre todo para los de la Región de Valparaíso con la llegada de argentinos. Se ve que vienen con hartas ganas de pasarlo bien. Pero es un veranito de San Juan. Después hay que vivir la realidad con el público local».
Barrio seguro
Cristián Ugalde, dueño del local Mito Urbano, concuerda en que la noche capitalina ha experimentado un declive significativo después de la pandemia, dado que ahora el público prefiere salir hasta más temprano.
«Además, la delincuencia es un problema creciente que las autoridades no han podido controlar, lo que genera inseguridad en la comunidad», plantea.
«Un ejemplo inspirador es la estrategia implementada por la comuna de Ñuñoa, que consiste en trabajar en estrecha colaboración con el comercio local para recuperar espacios ocupados por la delincuencia y transformarlos en áreas de vida nocturna. De hecho, estamos haciendo campañas que promueven la seguridad en Plaza Ñuñoa», declara.


