La carismática Primera Dama se echó al bolsillo a todo el mundo
Dejó callados a los chiquillos del Instituto Cumbre de Cóndores.
Una cortina azul, improvisada para el momento, la separaba del pequeño escenario instalado en el patio del colegio. Dos pantallas gigantes se aprestaban a mostrarla mientras una audiencia de chiquillos se entretenía bailando un clásico del grupo Croni-K: «Tira para arriba».Michelle Obama caminó mostrando su metro ochenta y dejando ver por qué es considerada una de las mujeres más elegantes del mundo, con su sencillo vestido en delicado azul, adornado con un fino prendedor en forma de flor pegada cerca del hombro. Su sonrisa cautivó altivo a los distraídos lolitos, medio agotados por el sol de media tarde, que guardaron silencio en el Instituto Cumbre de Cóndores, la señora Obama comenzó a contar entonces sobre su humilde infancia y de cómo su familia le enseñó a soñar en grande. Sus palabras eran seguidas en español en las pantallas gigantes y no todos se dieron cuenta de que ella iba leyendo su discurso escrito en unos atriles casi invisibles.
La Primera Dama norteamericana seguía hablando de cómo llegar al éxito a través de los estudios, de la universidad, de cómo ella estudió derecho y logró surgir hasta que lanzó una de sus mejores frases: «Su país cree en ustedes… por eso dice allí en la colina Renca la lleva… ¡Renca rocks! Por eso se creó esta escuela».
Con la frase se rieron hasta sus morenos asesores que anduvieron con sonrisas toda la mañana. Un par de horas más tarde, en el Museo Interactivo de la Granja, Michelle compartió con Cecilia Morel, su hija Magdalena y sus tres nietos.


