Pertenece a la federación chilena de esta disciplina
La argentina vive en Los Ángeles y realiza clases de la disciplina en Mulchén. Para ella, este logro es un premio al sacrificio.
«Mi nota final fue un seis, así que estoy contentísima porque fue harto sacrificio», dice la argentina avecindada en Los Ángeles (Región del Biobío). En efecto, tiene un hijo con trastorno del espectro autista (TEA) y un bebé de cuatro meses. Además, entrenaba a ratos en el taller municipal de patinaje de Mulchén y tiene su Club de Patinaje Artístico de la misma comuna (Instagram @clubdepatinajeartisticodemulchen).
«Fue difícil este proceso. Me acuerdo que la primera clase, que fue online, se realizó el día que tuve a mi guagua. Me conecté igual, porque era en la noche. Como muchas clases eran online, estaba con una mano la guagua y con la otra en el computador viendo al profesor y tratando de prestarle atención. Y bueno, eran varios exámenes prácticos que uno tenía que ir rindiendo y el examen final era presencial en Santiago. Pero fue provechosa la certificación».
¿Por qué?
«Para mí lo fue y estoy súper contenta porque en Los Ángeles hay cuatro clubes y en Mulchén sólo está el mío. Y fui la única que obtuvo el curso federado».
Además es mamá, entrenadora, dueña de casa y estudiaba.
«Aparte tengo a mi niño con TEA y a veces se complica la cosa. Para mí fue un desafío personal. De verdad yo en algún momento, cuando estaba súper colapsada, decía que no podía. Pero luego sentí que no me podía rendir. Y la verdad que cuando me dijeron que aprobé el curso estaba súper contenta, porque había muchos entrenadores que no lograron certificarse por el examen final».
Logró su meta.
«Se puede. Dormir menos, trabajar más, pero se puede. Esta certificación es la recompensa y después poder contarles a tus hijos el sacrificio que hiciste. Para mí, fue un desafío personal».


