Christopher Tanke Ewert derrotó al invicto Reese Watkins en Houston, Texas
Ya me había resignado. Pensé: esto no es para mí, dice el deportista de Maipú, que vende verduras y almuerzos en la feria con su esposa y su hijo.
El chileno Christopher «Tanke» Ewert vive el momento más alto de su carrera en las artes marciales mixtas (MMA). El peleador debutó en el prestigioso campeonato estadounidense Fury FC 100, que se llevó a cabo en Houston, Texas, y consiguió una espectacular victoria por 7-0 contra la figura invicta Reese Watkins.
«Mi experiencia para esta pelea estuvo muy buena, creo que fue una de las pocas peleas que disfruté, tanto como la presión de estar ahí, el golpear, el recibir. Hice una pelea en conjunto con el equipo, la planificamos y tratamos de hacerlo lo más inteligente posible. La gente me recibió súper bien, me decía que fue una de las mejores peleas del evento y afortunadamente quedé sin ninguna marca en la cara ni ninguna lesión preocupante», relata el deportista de Maipú.
Tanke Ewert llegó al torneo con un largo camino. Se repartió entre Chile y Estados Unidos para entrenar para este desafío. «Trabajamos de lunes a lunes, cuatro veces al día, enfocándonos en todas las áreas: lucha, striking, todo. Hay que estar listo para todo, me considero un luchador versátil y siempre estamos dispuestos a lo que nos ofrezcan», explica.
Pese a ya ser conocido a nivel internacional, tiene claro que no busca fama, sino que garantizar una vida digna para su familia, su señora Nidia y su hijo Ismael, quienes trabajan juntos vendiendo verduras y almuerzos en la feria para complementar los ingresos de la casa.
Tras una serie de sacrificios, Ewert consiguió la oportunidad de participar en el Fury FC 100. Sin embargo, su viaje hacia Estados Unidos estuvo lejos de ser sencillo y tuvo que enfrentar una serie de problemas.
«Fue una osadía gigantesca. Tenía apoyo de pymes para poder cubrir los gastos y la compañía pagaba parte del pasaje, pero eso significaba llegar dos días antes de la pelea y no alcanzas a aclimatarse y no tenía los recursos para llegar antes. Ya quedaban diez días para volar cuando me llamó Frank, un amigo de Estados Unidos, y me dijo que no me preocupara. Pocos minutos después, me llamó de nuevo para decirme que había comprado el pasaje», cuenta.
Todo iba perfecto hasta ese momento. Hizo escala en Panamá y cuando llegó a su segunda escala, esta vez en Estados Unidos, fue detenido al pasar por migraciones.
«Estuve entrenando hace un mes allá y se me dio la posibilidad de regresar a Chile para el cumpleaños de mi hijo. Ahora al volver a Estados Unidos me cuestionaron por qué estaba entrando tan seguido y no me creían que era un deportista», explica.
La tensión fue tal que incluso perdió su vuelo de conexión y estuvo a punto de ser deportado. «Ya me había resignado. Pensé: esto no es para mí. Por algo pasan las cosas», confiesa.
En ese momento crítico, cuando le avisaron de su deportación y estaba esperando su vuelo de regreso, apareció un salvador muy inesperado. «Era alguien que trabajaba ahí y que me había visto pelear antes, sabía mi nombre y lo que hacía y me preguntó por qué me tenían allí. Me dijo que él se encargaría y, al rato, me dejaron pasar. No sé quién era, ni su nombre, ni su cargo, pero le debo mucho. Fue un ángel en mi camino», cuenta emocionado.
Mientras esperaba su nuevo vuelo, un auspiciador chileno lo sorprendió con otro gesto de apoyo: gestionaron el viaje de su entrenador Pablo Burgos para que pudiera estar en su esquina durante la pelea, lo que fue una motivación extra para su victoria.
Mientras disfruta de su triunfo y sigue entrenando para ser mejor luchador, tiene clara sus metas. «Estamos listos para estar en UFC, es donde estoy apuntando y quiero llegar. Hemos trabajado duro para eso y no hemos pasado a llevar a nadie en el proceso. Quiero que los que quieren comenzar en esto en Chile, vean que cómo yo pude, todos pueden abrirse puertas en este deporte tan lindo», cierra.


