La progresión dramática de «Algo habrán hecho», de TVN, que ha convertido la historia de Chile en una vibrante serie televisiva dominical, lleva a pensar por qué no se hacen estos programas en forma regular y tiene que darse la coyuntura de un bicentenario para que los podamos disfrutar.
El proyecto no sólo cuenta con rigor histórico y una lograda narración que le confiere el contrapunto de relajo preciso para que no terminemos todos bostezando en medio de tanto diálogo ceremonioso, propios de otra época. Ha empezado a agregar recursos lúdicos, como el que vimos anoche, en que se mostraba un partido de fútbol en Play Station donde algunos de los jugadores eran Bernardo O'Higgins y Ramón Freire.
Francisco Melo continúa con su visión distante de los trascendentales hechos narrados por Manuel Vicuña, el historiador que lo acompaña en este recorrido por nuestro pasado como país. Ayer habló del «rollo americanista» de O'Higgins e insistió en hacer alusiones a nuestra contingencia política. Fue cuando se referían a la multiplicidad de facultades que en un momento tuvo Diego Portales (anoche personificado por Juan Pablo Ogalde) y quien encarna a Diego Elizalde en «40 y tantos» no pudo evitar decir que eso le recordaba a alguien. No hay que ser una lumbrera para deducir que se refiere a Sebastián Piñera.
También está cayendo en ciertas provocaciones, no digo que peligrosas, sino valientes por ajustarse a la realidad de los hechos y a los pensamientos de nuestros próceres en su momento. Me refiero a la línea atribuida a Portales anoche: «Yo viví en Perú. Conozco a esa gente. Con ellos no se puede tratar». No creo que dé para que Alan García retire al embajador peruano en Chile, pero sí para poner las cosas en su justa medida. Equivocado o no, era el pensamiento del ministro. Eso no se cambió ni disfrazó y se agradece.
Otra tendencia de «Algo habrán hecho» que se vio anoche fue la sobria espectacularidad de las puestas en escena de algunos episodios cruciales, sobre todo relacionados a la muerte de alguna figura señera. Pasó cuando Ariel Mateluna, en el rol de Lautaro, se comió el corazón de Pedro de Valdivia (Álvaro Espinoza). Y ayer con la secuencia del fusilamiento de Portales en Quillota por parte de militares amotinados. El instante en que los verdugos vacilan tras la primera orden de fuego, la arrogancia del ministro para enfrentar la muerte y la traición, los impactos de bala estrellándose en su pecho. Gran director este Nicolás Acuña.
En síntesis, sólo queda aplaudir que la calidad de nuestros realizadores quede en evidencia en este tipo de esfuerzos, pero también esperar que no se den tan de cuando en cuando.15


