¡Que vivan los novios!

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La jueza y Bernardo dan el gran paso. Sigan estos consejos del viejo Larry

Levantamos una piedra y aparecen chistes contra el matrimonio. ‘La mitad de mis amigos no se volvería a casar. La otra mitad no se ha casado nunca'. ‘El 100% de todos los divorcios tiene como causa. el matrimonio'. No será el caso de esta columna, llamada a entregar algunas recomendaciones a Carmen Gloria Arroyo y a Bernardo Borgeat para que sus anunciadas nupcias sean el inicio de un camino que vaya miel sobre hojuelas.

Lo primero es que no tomen la boda como un evento que redobla la responsabilidad y que hace del compromiso que sienten el uno con el otro un deber sofocante e ineludible. Véanlo como una celebración más de su amor, como uno de tantos momentos inolvidables que han tenido juntos, un poquito más solemne, pero uno más. Sin la intención de ser pájaro de mal agüero, todos conocemos parejas que han pololeado muchos años (el caso de La Jueza y Bernardo), se casan y al poco tiempo se separan. El punto es no sentir la presión del anillo, ni en el dedo ni en la convivencia.

En segundo lugar, ya despejado el sentimiento de ‘obligación de amarse', disfruten al descubrir nuevos tesoros de su relación, que irán apareciendo a medida que avance el tiempo juntos. Que los árboles no les impidan ver el bosque ni las mañas al mañoso o mañosa. El matrimonio es lo mejor que se ha inventado para confirmar que el ser humano no es perfecto. Gocen sus limitaciones y sus manías, valoren sus rarezas y sus porfías; son un espectáculo exclusivo. Es como tener acceso a la zona de golden ring, la prueba de sonido y un autógrafo de su artista favorito.

Tercero, no pierdan nunca de vista que ambos se eligieron y que se siguen eligiendo cada día. Recuerden, escuchen y encarnen la canción ‘Eres para mí' de Julieta Venegas (sí, ella se casó y separó de Álvaro Henríquez, pero no me vengan a aportillar la columna con detallitos).

Es cierto, en Chile la gente cada vez se casa menos, pero eso mismo reafirma lo especial del vínculo que tiene el team Arroyo-Borgeat. El amor no es una cuestión estadística. Ni por no casarse las parejas se aman menos ni por hacerlo en tiempos en que tan pocos lo hacen son más ingenuos. Se casan los que se atreven. El único cálculo que debe estar presente al momento de dar el ‘sí, acepto' tiene relación con dilemas como ¿elijo el mejor menú disponible para la fiesta si voy a recibir de vuelta puros tostadores y lámparas? Casarse es saltar en paracaídas, pero abrazado(a) al amor de tu vida.

Me estoy perdiendo como crítico de TV. Lo mío son las charlas matrimoniales.

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