La 12 aúlla de alegría: el jugador distinto que les venían prometiendo hace años muestra su tarjeta de presentación con un golazo e incluso se acerca a la reja para celebrar con la barra
La mejor parte de la gran jugada de Carlos Palacios que define el partido contra Huracán en La Bombonera es cuando decide no jugar el balón. De hecho, es difícil superar el comentario de Diego Latorre en la televisión argentina, rendido a los pies de la joya que acaba de crear el futbolista chileno: cuando viene la pelota, ya tiene todo el mapa de la jugada en la cabeza. No es sólo un gol: es el primero de Palacios con la camiseta de Boca Juniors y con suficiente holgura para concederle el estatus de golazo.
El lateral uruguayo Marcelo Saracchi mete un pase desde la izquierda hacia Palacios, en la mitad del campo contrario. No es la partida de una novela, aunque podría serlo, sino el comienzo de un acto de magia. Ocurre en el minuto 23 del segundo tiempo en la cancha donde dicen que el piso tiembla. La entrega de Saracchi es más bien un acto de rutina, delivery de comida rápida: pollo KFC o una Big Mac con papas fritas al caer la noche. No hay ningún misterio primordial en la habilitación del uruguayo al chileno, aunque al menos hay que concederle el mérito de que es un pase limpio en territorio fértil para un campeón del ‘hágalo usted mismo'. O sea, juegue.
Pero Palacios no juega y apenas la deja pasar queda en evidencia su plan. El mapa del cual habla Gambetita Latorre. El 6 de Huracán sale a buscarlo con ganas de anticipar, pero se queda en el medio de la trama como John Travolta en el living de Mia Wallace cuando todo está por pasar en ‘Pulp Fiction'.
Siga participando: la bola le llega con mensaje incluido al 16 de Boca, Miguel Merentiel. Controla y pasa. ¿Hacia dónde? Fácil: adonde va a llegar Palacios, cinco metros más adelante, filtrándose entre la defensa del Globo. Al dejar pasar el balón entre sus piernas, el chileno ya le está mostrando el futuro a Merentiel. Si fuera un juego de naipes, Palacios estaría enseñando sus cartas a la mesa mientras pide una nueva para ganar la mano.
Lo de Merentiel se llama asistencia. No es una jugada fácil en el fútbol porque se hace bajo presión y en complicidad con otro que perfectamente puede entender mal el secreto del último pase. Merentiel, sin embargo, lleva las de ganar porque su asistencia ya viene cantada. Controla pasa. Al recibir Palacios, llegando al área chica de Huracán, ya está donde quiere y como quiere. Solo, con un defensor enemigo que aparece a destiempo y un arquero desesperado que sale a cualquier cosa.
También son parte del mapa: escollos finales de una jugada de lujo, de jugar sin jugar y de mirar sin mirar. El toque final de Palacios evita sin dificultad a Hernán Galíndez, el portero de Huracán. La pelota cae en un rincón, muda, mientras a unos pocos metros, detrás del alambrado, La 12 aúlla de alegría: el ‘jugador distinto' que les venían prometiendo hace años muestra su tarjeta de presentación con un golazo e incluso se acerca a la reja para celebrar con la barra. El sueño de tantos hecho realidad por un pibe del otro lado de la cordillera.
Es apenas la primera vez de Palacios en Boca. En el fútbol no hay mucho más que decir y se disfruta como viene: las penas de a una y las alegrías para siempre.


