La ex PPD abandonó su casa para evitar ser agredida
Le tiraron el pelo, le llovieron monedas, le gritaron traidora. Sus amigos le ruegan que responda el celular, quieren saber de su salud.
El caos es absoluto. El concejal UDI Rodolfo Carter habla, pero nadie puede oír qué cuernos dice. Una señora grita «Inés, ¿por qué lo hiciste?» como si se hubiera cometido un crimen sangriento. Un señor se queja porque «me cayó una moneda en la cabeza». Una periodista ruega calma. «Ordenémonos, por favor», es su pedido.
Acaba de terminar el fallido concejo en La Florida que debía elegir al sucesor de Jorge Gajardo. La Concertación y el PC, intentando ganar tiempo, se ausentan de la reunión y fuerzan la suspensión por falta de quórum. Los trescientos mirones que llegaron a la municipalidad se van, no sin antes gritarse cosas de bando a bando.
Por un lado están los que enrostran a Inés Gallardo, concejala que renunció al PPD para apoyar a Carter, haber traicionado el designio popular que puso al frente de la comuna a un socialista. Al otro lado están los que le agradecen la vuelta de chaqueta que permitiría entregarle a la UDI un municipio apetecido.
Pasadas las 10.20 de la mañana llega Gallardo (vendedora, 53 años recién cumplidos el martes) junto a los dos concejales de RN y los dos de la UDI. Se sube a una tarima en silencio, con una blusa rosa. La sesión dura 30 segundos, los que demora la secretaria municipal en decir que no hay quórum. Gallardo abandona el lugar entre la concejala Eulogia Lavín (hermana de Joaquín) y Rodolfo Carter.
Ahí Carter desea hablar, pero nadie lo oye. El griterío es infernal, algunos vecinos gritan insultos. Llueven monedas de un peso y algunas de valiosos diez pesos. Esas duelen más. Alguien le tira el pelo a Gallardo. «Corran, corran», dice alguien. Por arte de magia, todos corren.
Se abre un portón por la presión de la masa furiosa. Gallardo avanza protegida por funcionarios municipales, que la suben a una van gris que la espera en la calle Serafín Zamora. La turba golpea el auto, le abren la puerta cuando va en movimiento. Gallardo, separada hace dos años, se va con rumbo incierto.
En su casa, que queda frente a una comisaría de Carabineros, había ayer en la tarde una patrulla de seguridad ciudadana. El cuidador dice que no sabe nada de ella. La concejala abandonó su hogar de calle Manutara sin fecha de retorno. Un perro dormita en su jardín.
Desaparecida
El concejal socialista Nicanor Herrera, uno de los que se ausentó ayer, dice que Gallardo anda desaparecida. «Teníamos una amistad, pero no he podido comunicarme con ella. Está como enclaustrada, no sé dónde está. No hemos podido ni siquiera preguntarle cómo está de salud», se queja.


