Mineros atrapados se comunicaron con sus rescatistas
A las dos y media de la tarde fueron recibidos dos mensajes certificando que los pirquineros estaban con vida.
Domingo, 19.40 horas. Cientos de ensordecedoras bocinas, gritos de transeúntes y banderas flameantes se hacen sentir de golpe en plazas y calles de Chile.
En medio del abrupto silencio, un par de ojos oscuros en primer plano, con la mirada fija hacia la cámara, capta la atención de todos. Son los ojos de uno de los 33 mineros atrapados en la mina San José, que tras 17 días sepultados a 700 metros de profundidad, desatan la alegría.
«¡Ahí están! ¡Son ellos! Por fin, gracias Dios, están vivos», repiten una y otra vez los familiares de los trabajadores atrapados, que a través de un pequeño notebook, miran la primera imagen de los mineros que mandó la sonda.
Al comienzo, el video muestra la sonda bajando velozmente por la perforación. En segundos aparecen dos luces. Una de ellas se mueve, mientras un rostro comienza a aparecer del lado derecho y se queda mirando a la cámara.
«¡Por fin! ¡por fin! era la señal que estábamos esperando. Necesitábamos esto con el alma», dice Wilson Ávalos, hermano de dos de los mineros atrapados.
La escena es el momento cúlmine de un día lleno de señales.
Un abrazo a las siete de la mañana del ministro de Minería, Laurence Golborne, con uno de los rescatistas encargados del sondaje, había sido el primer indicio de que algo bueno pasaba.
«Hay ruidos, están golpeando, están golpeando», se escuchó a esa hora, mientras Golborne se acercaba a la sonda y escuchaba por una especie de estetoscopio. «Mantengamos la calma, no sabemos de qué se trata», dijo, cauto, el ministro.
Pasado el mediodía, el llanto de Golborne y los aplausos del grupo de rescatistas, fue el segundo hito del día. Una mancha roja en el martillo de la sonda que salió a la superficie, puso impacientes a los encargados de la operación. En la punta de la sonda, una bolsa café apareció amarrada con tiras.
Laurence Golborne desenrolló poco a poco las amarras. Tomó la bolsa y sacó tres pequeños papeles húmedos de su interior. Con máximo cuidado, el ministro desdobló uno de ellos y lo leyó en voz alta: «Estamos bien en el refugio los 33». La emoción se apoderó de todos. «Tenemos vida abajo», gritó Golborne.
Una segunda carta comenzaba con «vamos a salir con la ayuda de Dios. Hay un poco de agua, estamos en el refugio, los sondajes han pasado detrás». El escrito, en letras rojas, lo firmaba Mario Gómez, quien pidió que entregaran la misiva a su familia.
Grafóloga analiza
«El que escribió el mensaje tiene mucha fuerza»
Las letras rojas, claras y bien remarcadas del mensaje enviado ayer por un minero desde la profundidad de la mina San José, no solo aliviaron a millones de chilenos, sino que además permitieron hacer diversas lecturas sobre el estado de ánimo de los trabajadores atrapados.
Alicia Schott, grafóloga que lleva años identificando las personalidades de los individuos a través de la escritura, dijo ayer -tras leer el esperanzador mensaje- que «el minero que lo escribió tiene mucha energía y fuerza, ya que con tan pocas palabras y espacio en la hoja fue capaz de decir algo potente».
Schott hizo hincapié en que el trabajador que redactó el papelito «es un líder al que respetan mucho, porque las letras tienen precisión. Se ve que cargó mucho el plumón, lo que indica la fuerza moral que tiene, pese a estar bajo tierra hace varios días».
Agregó la especialista que el texto «incluso tiene sujeto y predicado, buen ritmo, buena vibración y cada letra ocupa el mismo espacio en la hoja. Esa persona debe estar súper angustiada allá abajo, pero no lo retrata».


