«Sacarlos es mucho más fácil que lo que se hizo: ubicarlos»

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Augusto Millán, ex profesor de la Universidad de Chile

Desde su departamento en el noveno piso de un edificio en la calle San Crescente, de Las Condes, Augusto Millán Urzúa escucha los bocinazos de los autos que pasan por Apoquindo. «Estamos bien en el refugio los 33», dice el papel que amarraron en un fierro de una sonda los mineros atrapados en la San José y él se suma al entusiasmo. Están vivos.

«Fíjese que ya no es un problema sacarlos. Llegar ahí es mucho más fácil que lo que se hizo: ubicarlos. Eso es lo que hay que celebrar. Ahora, ¿cómo se los saca? No sé, pero lo van a hacer, no cabe la menor duda», cuenta este ingeniero civil, autor de libros sobre historia de la minería y profesor durante 35 años del Departamento de Minas de la Universidad de Chile.

Millán le hizo clases a André Sougarret, quien dirige las perforaciones en la mina de la Tercera Región. «Era muy inteligente. Fue un muy buen alumno», cuenta.

Prefiere no utilizar la palabra «histórico» para hablar de este accidente. Admite que, por la cantidad de trabajadores involucrados y por la profundidad, quizás el derrumbe de la mina San José marque un hito: «Con este número de gente atrapada, no lo recuerdo».

Cuenta que hace 20 años era imposible pensar en un sondaje de alrededor de 700 metros. «Es una cosa increíble, porque yo he sondeado, también», explica.

Este ingeniero, que también tuvo minas, participó en el rescate de siete atrapados por un derrumbe en la mina Flor de Té, cerca de Andacollo, en 1964. «Afortunadamente, el ingeniero que estaba en Enami, en ese tiempo, sabía más o menos dónde estaban. Yo mandé la sonda que tenía, con el sondeador que tenía contratado, de apellido Figueroa. Se hizo un sondaje, llegamos donde estos viejos y les bajamos agua, comida y un teléfono. Para mí, esto como que no es mucha novedad», explica.

A los 85 años y condecorado por el Colegio de Ingenieros, Millán advierte que el derrumbe en la mina San José no será el último accidente en la minería.

«Lo que está bien claro es la absoluta ignorancia que se tiene en Santiago de la pequeña y mediana minería en Atacama y Coquimbo. Conozco doce o quince casos similares, con muertos, con accidentes», afirma.

700 metros de sondaje era impensable hace 20 años, asegura Millán.

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