Hace tiempo que no veía una mala tan mala como la que interpreta Celine Reymond en «La primera dama». Para ser exactos, desde Eglantina Morrison (Pato Torres). Y eso que aquello fue en un programa humorístico, con toda la exageración en el perfil actoral que ello implica. Acá estamos ante una villana-villana, pero con la particularidad de que no es de esas malas de adentro, sino una víctima de su propia naturaleza.
Lo suyo no es una perversión premeditada sino una condición. Me recordó el cuento del escorpión que es ayudado por una rana a cruzar un lago y al llegar a la orilla, la pica mortalmente. Como será de malula Sabina Astudillo (así se llama el personaje) que se vino a Santiago desde la caleta de pescadores donde vivía con los ahorros del bueno de Caetano (Eduardo Paxeco, sí con «x»).
Y tal como lo hizo Carolina Arregui en «Los títeres», la ex de Marko Zaror ahora encarna a una mujercita que traspasa muchos límites en aras de su desenfrenada ambición. Una mezcla perfecta entre Mónica Lewinsky y nuestra Cecilia Bolocco.
La nueva teleserie de Canal 13 partió con una hemorragia de raccontos o flashbacks si lo prefiere, identificando cada quiebre de plano temporal porque las caras de los protagonistas terminaban reventados de luz.
Se reforzó el área dramática de televisión con bastantes elementos de «Mujeres de lujo» (Chilevisión). Por citar a algunos, el propio Paxeco, Pablo Macaya, Javiera Díaz de Valdés, Catalina Guerra y César Sepúlveda.
Y por si eso hubiera sido poco, se echó mano a un megacameo: al estreno de la obra «Eva» fueron Tonka Tomicic, Juan Falcón, Lindorfo, Fernanda Hansen y Daniel Muñoz. No les bastó para ganarle a «Martín Rivas», pero podrían hacerlo si con el correr de los capítulos desmarcaran al candidato presidencial Leonardo Santander (Julio Milostich) del estereotipo del político maqueteado. Después de lo de Alinco, eso está pasado de moda.


