Gran exposición de obras de Eadweard Muybridge en Londres
Pionero de la captura del movimiento corporal, el autor creó una estética que influyó a grandes artistas del siglo 20.
Todo empezó con una extraña solicitud hecha por un millonario: Leland Stanford, futuro fundador de la universidad que lleva su nombre y propietario de un criadero de caballos de carrera, quería obtener pruebas concluyentes de que esos animales, cuando están en pleno galope, logran levitar durante una fracción de segundo.
El encargado de encontrar esas evidencias fue Eadward Muybridge, fotógrafo nacido en Inglaterra en 1830 y que en 1866 llegó a Estados Unidos para iniciar una exitosa carrera como arriesgado retratista de escenarios montañosos.
Muybridge, como se sabe, cumplió la misión, pero eso fue sólo el comienzo de su aventura creativa. Tras ingeniárselas para registrar la ahora famosa secuencia de galope (compuesta por decenas de imágenes fijas) donde se aprecia el instante en que el caballo despega sus cuatro patas del suelo, desarrolló un sistema de cámaras múltiples y sincronizadas que lo habilitó para capturar todo tipo de movimientos humanos y animales.
Creador, además, de uno de los primeros aparatos para proyectar imágenes con movimiento aparente (la máquina apareció en 1879), el autor fue un aventurero y experto en autopromoción que, a lo largo del siglo veinte, ejerció una fuerte influencia sobre artistas tan disímiles como Edgar Degas, Francis Bacon y Marcel Duchamp. Su larga sombra cubre incluso a los hermanos Wachowski, responsables del taquillero filme The Matrix .
La llamativa figura del retratista e inventor es ahora el motivo central de una gran exposición que se inaugura la próxima semana en la Galería Tate Britain, de Londres, y que está integrada por más de 150 composiciones realizadas entre fines de la década de 1860 y 1904.
El montaje, que ha sido promocionado como uno de los más grandes que se han hecho sobre el tema, permite explorar las diversas facetas técnicas y artísticas del inquieto individuo. El conjunto, de esa manera, incluye tanto sus hipnóticas secuencias de seres en movimiento como sus imaginativos registros del progreso estadounidense, reflejado a través de la expansión del ferrocarril y del crecimiento de la ciudad de San Francisco.
Uno de los conceptos centrales de la muestra es el de la captura del paso del tiempo, entendida en forma casi existencial. Ese aspecto del asunto se entiende al considerar que Muybridge logró congelar las sutiles transformaciones que los minutos, los años y los siglos operan sobre cuerpos y paisajes.
Peter Conrad, crítico del diario The Guardian , lo explica así: «El tiempo es una corriente que fluye a nuestro alrededor y a través de nosotros, trazando líneas en los rostros y erosionando rocas. De manera casi mágica, Muybridge logró capacitarnos para ver cómo esa silenciosa entropía trabaja sobre la naturaleza».
Crimen pasional
Inventor incansable y arriesgado retratista de escenarios montañosos, Eadweard Muybridge tuvo una agitada vida personal: en 1874 mató a balazos al amante de su esposa y fue procesado por ello. La defensa argumentó que el hombre era mentalmente frágil, y una de las pruebas de esa condición fue una foto donde aparecía asomándose a un enorme precipicio. Fue exonerado en tiempo récord.


