Luis Alfredo Argomedo partió hace 40 años reparando cacharros
En su taller se dedica a la mantención de exclusivos autos y tiene clientes top, como Leonardo Farkas. Por su trayectoria será galardonado en la ExpoCarrera del Inacap.
«¿Qué edad quiere que le diga, la verdadera o la de mi carnet de identidad?», dice Luis Alfredo Argomedo, mientras contempla dos Porsche, un Mercedes Benz y otros tantos bólidos que tiene en su exclusiva sala de recepción de clientes que está al frente de su taller mecánico Argomedo Performance, en Recoleta.
-Dígame la edad verdadera.
-Nací el 27 de agosto de 1926, o sea tengo 84, pero el carnet dice que nací el 31 de octubre de 1927, o sea que tendría 83.
Dice que es del campo, cerca de Talagante, donde era común «inscribir a los críos» un buen tiempo después de haber nacido.
Trabajó en un fundo en su tierra natal hasta los 22 años. De ahí se fue a Chillán a emplearse a un aserradero, pero toda su vida le gustaron los automóviles, más bien «trabajar con los fierros». Fue camionero y, luego de un tiempo de cesantía, 12 años las ofició de taxista en Santiago. Se casó con María Inés Ureta; se hizo «una mediagua» en un terreno colindante al cementerio Israelita, en Recoleta, donde empezó a construir su gran negocio.
Corría 1970, le chocaron el auto y su mujer le insistió en cambiar de giro y dedicarse a arreglar autos. «Me convenció que tenía talento», dice. Instaló el taller al lado de la casa de madera y le empezaron a llegar clientes: primero sus colegas y luego la fama se le vino de golpe y porrazo.
En plena UP había escasez de repuestos y buena parte de los autos tenían los cambios en el manubrio. «Se trababan harto esos manubrios y se nos ocurrió un sistema para traspasarlos al piso por 12.500 escudos». La idea hizo que su taller se repletara de clientes que llegaban de todo Chile. «Gané mucho dinero y lo aproveché. Trabajaba las 24 horas. Fui constante, disciplinado y honrado», recuerda.
Luego de eso sus hijos se incorporaron al negocio. Carlos a los 14 años empezó a trabajar con su padre y se dedicó a los autos exclusivos como una forma de diferenciarse de la competencia.
«Aparte de mantener y reparar mecánicamente los autos, también hicimos restauraciones», cuenta Carlos Argomedo. Actualmente tienen clientes top, como los empresarios Andrés y Jorge Ergas; Pablo Yrarrázabal, presidente de la Bolsa de Comercio de Santiago; Fabio Traverso, el de los jugos de limón e incluso Leonardo Farkas
«A Farkas le importamos el Rolls Royce y ese auto no tiene ningún servicio en Chile. Nosotros investigamos y trajimos los computadores para darle el servicio. Es un nicho que tenemos y nos valoran», explica Carlos.
La última gran jugada fue conseguir que Aston Martin optara en Chile por Argomedo Performance como taller autorizado para hacerles la mantención a los modelos que están llegando recién a Chile. Para ello, Jorge tuvo que realizar cursos en Estados Unidos para ganarse la confianza de la exclusiva marca.
«Imagínese, empecé a arreglar cacharros a puro pulso. Valió la pena», reflexiona Luis Alfredo Argomedo.
12.500 escudos cobró por cambiar las palancas de cambio del volante al piso, su primer gran negocio.


