Alejandro Cavieres se defendió de las acusaciones de narcotrárfico que le hace la Fiscalía Sur
Maratónico juicio de casi cuatro meses termina hoy. Los 21 acusados arriesgan 440 años de cárcel en total.
La ansiedad era evidente ayer en la sala del Sexto Tribunal Oral. Se vivían horas claves en el juicio contra Alejandro Cavieres y otras veinte personas, acusados de integrar una de las más importantes bandas dedicadas al tráfico de drogas del país. Ellos y sus familias estaban nerviosos.
Después de casi cuatro meses de juicio oral, el proceso llegaba a su fin y los imputados tenían una última opción de hablar en su defensa. Varios rechazaron la posibilidad, pero Alejandro Cavieres, acusado de ser el líder del grupo también conocido como «Los Carejarro», aceptó la oferta.
«Soy un hombre de trabajo, pero me han querido convertir en un monstruo por el triple homicidio», dijo, en referencia a las muertes de tres miembros de una banda rival en febrero del 2000. Uno de ellos, Luis Alcaíno, había sido pareja de Clara Tobar, la actual mujer de Cavieres.
El hombre que dirigiría a «Los Carejarro» agregó ayer que «trabajo en la Vega y comienzo a trabajar a las dos de la mañana. La gente que me conoce sabe eso». Además pidió al tribunal que en caso de condenarlo sea «con la verdad».
El veredicto se conocerá hoy y para el total de los 21 detenidos, la Fiscalía Sur pide un total de 440 años de cárcel.
Durante el juicio, los fiscales detallaron que en poder del grupo se encontró gran cantidad de armas, incluso fusiles, y que con el dinero por la venta de drogas adquirieron propiedades y caballos fina sangre.
Ayer, además, hicieron sus últimos descargos en el tribunal José Urzúa, conocido como «Pepe Show», que lloró y solo agradeció a Dios, a quien dijo conocer durante los dos años que todos han permanecido recluidos, y Érica Zúñiga, acusada de ser quien hacía trámites para Cavieres. La mujer, durante el juicio, declaró por ejemplo que siempre «veía gente parada frente a la casa de los Cavieres», por lo que fue amenazada de muerte y ha debido permanecer protegida en la cárcel y en la misma sala del tribunal, donde se sienta aparte de los otros acusados.


