Testigo Bárbara Irrazábal las mostró
La ex asistente de fiscal contó en detalle la primera confesión del supuesto sicario.
Aunque José Ruz hizo valer su derecho a guardar silencio durante el juicio, ayer una testigo de la fiscalía narró lo que el hombre dijo cuando entregó su versión a los fiscales. El asunto no fue fácil. La defensa alegó que no correspondía que la ex asistente del fiscal Carlos Gajardo, que participó en la investigación, respondiera preguntas de su ex jefe. El tribunal, en votación dividida, aceptó el testimonio.
Bárbara Irrazábal comenzó a narrar el día en que fue testigo de la confesión de Ruz. Tras ser detenido por el crimen de Diego Schmidt-Hebbel, el 4 de noviembre de 2008, el acusado habría dicho que quería contar la verdad, que «doña Pilar se dio cuenta de sus problemas económicos y le propone que se meta a robar a la casa de su hermana». Agregó que, según Ruz, la llamada Quintrala le habría dicho que le tenía mala a su familia y sobre todo a su cuñado Agustín Molina, a quien llamaba «el español que le cagó la vida a mi papá».
El acuerdo supuestamente convenía un pago de 30 millones si Ruz dejaba «hecho bolsa, inválido» a Molina. Pérez le habría dicho que «por culpa del español no le habían dejado nada en la herencia».
El 11 de diciembre de ese año, Ruz cambió su declaración. En esa nueva versión, aseguró que Pérez también le habría encargado los homicidios de Francisco Zamorano y Héctor Arévalo, que era un pedido de «una amiga» (sin decir que Zamorano era su ex marido) y «que le daba lo mismo si mataba a los dos». El pago sería de un millón por cada uno. Ruz habría dicho que Pilar lo acompañó y habría disparado, pero se retractó.
Según Irrazábal, Ruz mencionó que Pilar se notaba feliz y que luego le encargó matar a toda la familia. Para eso le habría entregado fotos de sus víctimas. «Se las entregaba como cábalas», explicó Bárbara, porque también le había pasado retratos de Zamorano y Arévalo, y todo había salido perfecto. También recibió un frasco de pastillas de Guaraná.


