Diputados reconocen vergüenza por no pescar a ministra Merino

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Llegó arropada con Hinzpeter y ayuda no fue necesaria

Honorables se recriminaron porque la sala estaba vacía y terminaron rendidos ante la titular del Trabajo.

Por arte de magia, los pupitres vacíos de la Cámara de Diputados fueron ocupados recién cuando terminaba la sesión especial a la que había sido citada la ministra del Trabajo, Camilia Merino, para debatir sobre seguridad laboral, a propósito de los 33 mineros rescatados en la mina San José.

Lo que se preveía como una lapidación pública, figurativamente hablando, se convirtió en una triste y solitaria instancia de intercambio de argumentos que giraron alrededor de un tono quejumbroso y sin muchas luces sobre el diagnóstico y lo que se tiene que hacer en los ambientes en que se desenvuelven los trabajadores chilenos.

Asumiendo que se trataba de una cita peligrosa, Merino llegó arropada. Rodrigo Hinzpeter, jefe de gabinete, dos subsecretarios y la directora del Trabajo la acompañaron para hacer frente a, se presumía, una avalancha de quejas, emplazamientos y deudas por cobrar.

Pero las ánimas penaron en el hemiciclo. «Siento una profunda vergüenza. Esto da cuenta de lo mal que está funcionando esta corporación. Más de cien diputados no están presentes en esta sala», se quejó René Saffirio, diputado DC por Temuco, sintiendo la frialdad del plenario desocupado.

A esa altura, con los dedos de las manos se podía contar la asistencia. Como el asunto no revestía peligro alguno para el gobierno, Hinzpeter se dedicó a conversar con congresistas de la Alianza y Merino mostró su rostro más relajado desde que asumió en la cartera.

«Uno habría esperado que quienes citaron a esta sesión hubiesen estado en masa, y vemos una sala vacía donde se hacen pocas propuestas, donde hay ministros de Estado, subsecretarios. Y este es el salón plenario de la Cámara de Diputados. Aquí estamos», acentuó Nicolás Monckeberg, impostando un tono de desconsuelo.

«Me gustaría que quienes convocan a esta sesión se hagan responsables, porque lo menos que uno espera es que quien invita reciba a los invitados. Da un poco de vergüenza este escenario», recalcó el RN.

Germán Becker, vicepresidente de la Cámara, esbozó una explicación frente al bochorno institucional. Dijo que había más de seis comisiones sesionando al mismo tiempo, y además, la comisión mixta -diputados y senadores- estaba de cabeza analizando la Ley de Presupuesto.

Así las cosas, cuando comenzó a sonar el timbre que anunciaba el inicio de la votación para aprobar o rechazar tres proyectos de acuerdo sobre la materia en discusión, los desaparecidos honorables comenzaron a aparecer. Algunos echaron la talla.

 

Reapareció el diputado obrero

René Alinco, autodenominado diputado de los trabajadores, abogó en favor de los subsecretarios para que acompañaran a la ministra Merino en la sesión especial. Cuando le correspondió hablar -Ramón Farías no quería que ocupara todo el tiempo que le restaba al PPD- fue duro con las condiciones laborales y le entregó la copia de una ley que regula este tema y que duerme en los archivos del congreso porteño.

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