Betancourt hizo un viaje relámpago a Chile y le confesó que no quiere nada con la política
Dice que le tenía un poco de mala a la colombiana, pero que ayer, luego de 10 minutos en TVN, su opinión cambió.
Ingrid Betancourt estaba sentada a las 7:45 horas de ayer en el estudio de «24 horas en la mañana», de TVN. La colombiana estuvo en Chile para hablar de su libro «No hay silencio que no termine», donde relata su época de cautiverio en manos de las Farc, y para dar una serie de entrevistas pactadas. En la primera que tuvo, a pocas horas de llegar a Santiago, enfrentó a Mauricio Bustamante y a Mónica Pérez, que se morían de ganas de preguntarle detalles del libro, de su vida lejos de la política y de su futuro.
Antes de eso habló, quizás por enésima vez, de la polémica que generó el capítulo sobre Clara Rojas y la supuesta solicitud que ella le habría hecho a la guerrilla para ser madre: «Bueno, eso está ahí porque eso sucedió, pero digamos que la manera en que lo relato no es en torno a Clara, sino a la reacción que a mí me produjo».
Negó también haber sabido del chileno Manuel Olate en la selva, junto a los líderes de las Farc: «Si la persona (Olate) dice que no, pues hay que creerle».
«¿Qué futuro ve a su carrera política?, porque usted pasó a ser una especie de Juana de Arco a ser una persona controvertida en Colombia por haber pedido dinero a su país producto de su secuestro. ¿Se arrepiente de esto?», preguntó Pérez. «En Colombia hay una ley que protege a las víctimas del terrorismo. Esa ley permite que los secuestrados pidan una compensación al Estado. Compañero míos lo hicieron y no hubo ninguna reacción, pero cuando yo lo hice se formó un escándalo», alegó Ingrid antes de lanzar una frase para el bronce: «A mí la política no me interesa (.) Yo no quiero volver a la política, porque no me gusta la política».
Mónica cuenta su visión de esos 10 minutos que tuvo con ella: «Es bastante imponente su presencia. Es muy, muy delgada. Entonces, se ve muy delicada. Y habla muy bajito, muy calmado».
-¿Qué impresión le genera eso?
-A mí me cambió un poco la opinión. Todo lo que había leído de ella era tan polémico que como que le tenía un poco de mala en el fondo.
-Fuerte.
-Pero ahora que conversé con ella sentí su punto de vista. No sé, como que choca un poco esa imagen tan suavecita que tiene su presencia con todo lo malo que uno ha leído.
-Usted la atrincó con su futuro político. Con eso de que no quiere nada con la política.
-Ehh. no sé. Como que le creo y no le creo.
-Decídase, Mónica.
-Es que yo creo que ella en este minuto no está para ser candidata, porque la han tratado mal, y es verdad.
-Mauricio Bustamante le preguntó si habría una Ingrid presidenta y dijo que no.
-Ahí no sé si le creí tanto. En el largo plazo me entran dudas. A lo mejor más adelante, cuando sane sus heridas, repensará su interés de tener una participación más activa en Colombia.
-«Lo conocí siendo niña»
Su relación con Neruda
El título del libro de Ingrid Betancourt, «No hay silencio que no termine», proviene de un verso de Pablo Neruda, con quien la colombiana tuvo contacto cuando era niña. «Él vivía en Paría y nosotros también, era muy amigo de mi papá… yo no sabía quién era él… tengo esta visión de él sentándose en uno de los sillones y cogiéndome sobre las rodillas de él y diciéndome: ¿cuáles son tus poemas? Yo corría a buscarle cualquier cosa que hubiera escrito y él los leía muy serio y decía: es que tú y yo somos colegas», contó Ingrid a Cecilia Rovaretti en Radio Cooperativa, donde se emocionó y confesó que aún recibe terapia sicológica.


