Loreto y Tobías cumplían nueve meses de pololeo el día que ella falleció
Ellos tenían planes de irse a vivir juntos. Estaban muy enamorados, cuenta la madre del joven.
Se paseó con rostro inexpresivo durante horas. Se acercó varias veces al ataúd de su amada y lo miró desconsolado e incrédulo. No habían pasado 24 horas desde que Tobías Gil, tomó su teléfono en Antofagasta y llamó varias veces a su polola Loreto Saavedra. Ese día, el constructor cumplía nueve meses de una intensa relación con la joven de 25 años y quería saludarla temprano.
Como no pudo comunicarse con la veterinaria, decidió llamar a un familiar y así se enteró de la horrible tragedia: la mujer que amaba y la madre de ella habían fallecido atacadas por un grupo de perros en su parcela en Peñaflor.
En la tarde de ayer Tobías no pudo contener las lágrimas, ni aguantar el dolor que a ratos lo inmovilizaba. Incluso debió ser sacado en una ambulancia desde el velorio por una descompensación. Un par de horas después se reintegró a la misa fúnebre y el entierro en el Cementerio Parque del Recuerdo de Malloco.
«Ella siempre separaba a los perros, siempre se metía. A ella le gustaban los perros, los animales», contó mientras se tragaba la pena. Apenas podía articular palabra y dijo: «No espero nada. no espero nada. El daño está hecho ya».
La pareja se conoció hace cerca de tres años en el barrio República donde ambos estudiaban. Pero recién hace nueve meses empezaron a pololear.
«Tenían planes de irse a vivir juntos. Estaban muy enamorados, era algo muy fuerte. Ella es una bella persona, la voy a extrañar mucho, era muy alegre», relató la mamá de Tobías, Marianne Boettcher.
«Ella viajaba a verlo a Antofagasta, él le mandaba pasajes y Tobías también venía», dice Constanza Kreuzig, quien conoció a Loreto cuando participaron en el programa «Elígeme» de Luis Jara. La joven describe a Loreto como alegre y buena para salir a bailar. Sus destinos favoritos eran Bar Central, Piso 33, Las Urracas y Gran Capital. «Los últimos días andaba pegada cantando el «Pa panamericano» cuenta su amigo. «Loreto era todo para Tobías y él era los ojos de ella», remata.
¿Hay solución?
Lautaro Muñoz
Quienes alguna vez pasamos por escuelas de Periodismo, aprendimos que la verdadera noticia no está en un perro mordiendo a un hombre sino en un hombre mordiendo a un perro. Sin embargo, la muerte de dos mujeres causada por siete canes en Peñaflor se ha convertido en una noticia nacional.
Y de inmediato el ministro del Interior pidió aprobar pronto la Ley de Tenencia Responsable de Mascotas. Es decir, como suele ocurrir frente a un hecho lamentable, se plantea una nueva ley como la solución.
Pero que no se engañe la gente, una legislación distinta no es mágica ni evita que estas cosas vuelvan a suceder. Además, si se trata de buscar la cárcel para quienes tengan perros que maten personas, el proyecto que discute el Congreso tampoco lo garantiza, puesto que mantiene las penalidades en el ámbito del presidio menor.
Otra cosa sería que en medio del impacto de la noticia se incorporen indicaciones más drásticas para hacer subir el «aplausómetro».
Por ahora parece difícil que los fiscales puedan probar que el propietario de las mascotas de este caso sea autor de homicidio. Me parece que en la formalización de hoy, o más adelante en la investigación, deberán conformarse con el cuasidelito (negligencia), cuyas penas son bajas.
Adiestrador policial
No tenga más de dos
«El principal error es que existan jaurías», advierte el director de la Escuela de Adiestramiento Canino de Carabineros, comandante Guillermo Benítez, respecto de la tragedia de Peñaflor. Explica que sin importar la raza ni si están o no adiestrados, si en un lugar hay más de dos perros, estos pueden «atacar por imitación» incluso a su amo. «Ellos ven a las personas como otros perros, no como humanos y atacan por defensa, por miedo o para mostrar que son dominantes», dice. Y pide estar atento a las señales de estrés de los animales, como cuando se lamen el cuerpo.
Alberto Saavedra papá de Loreto y esposo de Patricia
«Perdí un amor y un ángel»
Alberto Saavedra recibió los cientos de saludos y abrazos con entereza. A la misa realizada en la iglesia Niño Dios de Malloco y luego al funeral en el Cementerio Parque del Recuerdo asistieron cerca de un millar de personas a despedir a su esposa Patricia y a su hija Loreto.
«Perdí un amor y un ángel», dijo escuetamente en medio del dolor.
Hoy, la fiscalía formalizará a Guillermo Miranda el propietario de los perros que dieron muerte a las dos mujeres.
Una legislación distinta no es mágica ni evita que estas cosas vuelvan a suceder.


