En Café Barani las garzonas pueden llegar a ganar hasta $100.000 al día
Oriunda de Colombia, explica que tiene la idea de mostrar su establecimiento a plena luz y no a escondidas como en el pasado.
Cuando Aura Ramírez llegó a Santiago en 2015 desde Pereira, Colombia, no lo hizo con un plan preciso, pero sí con la determinación de abrirse paso en la ciudad. Consiguió trabajo como garzona en un café del centro y descubrió un ritmo que le gustaba. Al cabo de un año dejó ese empleo para dedicarse a otro rubro, con la idea de reunir fondos y, eventualmente, abrir su propio café. «Tuve la oportunidad de invertir unos ahorros y sentí que me manejaba bien en el tema».
Tras convertirse en madre, en 2018 abrió las puertas del Café Barani, un espacio que reinterpreta el formato tradicional de los cafés con piernas: aquí es de «media pierna», aclara, con 30 mesas, nueve garzonas y una propuesta más familiar. «Las chicas trabajan con vestidos, enteritos, pero no en bikini como en los verdaderos cafés con piernas que están en las galerías».
Para Aura este tipo de cafés son una tradición urbana que ha resistido el tiempo y que no se da en otros países. «Ni en Colombia funcionaría. Esto es muy de acá, algo que el turista quiere conocer porque no lo encuentra en otro lado», dice. Por eso han querido romper el prejuicio que los rodea, ofreciendo un espacio cuidado, con buena atención, comida, ambiente, y más a la luz del día y que no está escondido. «Es un lugar donde se puede venir a trabajar, tener una reunión o simplemente disfrutar».
Aunque Ramírez dice que desde el inicio apostaron por las redes sociales, en el último año el crecimiento ha sido notorio, en gran parte gracias a reels con las chicas que se han hecho virales, como el que hicieron para el 8 de marzo, Día de la Mujer. «El Instagram creció mucho de forma orgánica y lo estamos aprovechando». Esa visibilidad se ha traducido en mayor afluencia de turistas -argentinos, brasileños- y también en un público más diverso, incluso mujeres. «Obviamente, las garzonas son chicas bonitas, en vestuarios sexys, eso llama la atención, pero lo importante es que se entienda como algo cultural, algo chévere, bacano, que se vive acá y que tiene su espacio».
El tema de que en el café con pierna usted sea la jefa y sea mujer, ¿es algo que lo hace diferente?
«Yo también fui garzona. O sea, no es como que llegué y puse un local sin saber nada, al revés; yo he estado del otro lado, entonces pienso mucho desde su lugar. Trato siempre de cuidarlas, que estén bien, que se sientan bien. Porque hay gente que cree que esto es un trabajo fácil, y no lo es, para nada. Esto no es como garzonear en un restaurante, que vas, das un buen servicio, llevas un plato y cobras. Acá es otra cosa. La niña tiene que preocuparse de verse bien, de estar arreglada, dar un buen servicio, tener buen trato, ser buena vendedora, es harto. Y además trabajan en tacones. Entonces no es que lleguen y se ganen la plata así no más. Claro, ganan bien, obvio, pero no es fácil».
Hay competencia también.
«Al lado se han puesto otros cafés, que son de clientes que venían acá a Barani, vieron que era un buen negocio y se asociaron entre amigos y montaron sus locales. A algunos les ha ido bien, a otros no tanto, pero no sé cómo será el trato hacia las chicas ahí, no podría decirte. Lo que sí, nuestro caso es distinto: esto es un emprendimiento familiar. Los otros locales venden alcohol, atienden hasta más tarde, y eso ya lo hace diferente, otro público, otro ambiente. Nosotros acá somos cafetería, no vendemos alcohol. Entonces ya por ahí cambia todo. Ahora, yo me llevo bien con las chicas, trato de que se sientan cómodas y que haya respeto».
Me imagino que va gente patuda y que trata de pasarse.
«Las chicas ya saben lidiar con eso. Saben que obviamente por el vestuario no va a faltar la persona desubicada que les diga un mal comentario. No permitimos que les falten el respeto. Inclusive las mismas mujeres a veces pasan y les dicen cosas feas, como también pasan señoras y se paran y les dicen que son divinas, que están hermosas, entonces hay de todo. En uno de los últimos videos que subimos, que se hizo súper viral, las tratan de todo y ellas no están ni ahí. O sea, ellas dicen que piensen lo que quieran, porque saben lo que son y nosotros también sabemos cuál es el real servicio que se presta acá en el café».
¿Hay algún protocolo si un cliente se pasa demasiado?
«Se alejan y ya no van a charlar más con el cliente. Eso es lo primero que hacen y demuestran un poco de indiferencia, pero si es una falta de respeto grave, pues ahí sí ya se les pone el alto. Como de pronto, no sé, le dicen algo ya muy fuerte o de pronto le, no sé, la tocan de alguna forma que no corresponde, obviamente ahí ya se le dice».
¿Y cuánto suelen ganar de propina?
«Eso es muy relativo, depende netamente de ellas. Hay clientes que a veces vienen a trabajar y de pronto no están ni para hablar ni nada, porque vienen y se sientan en su reunión o con su computador, pero hay otros a los que les gusta hablar harto y hay niñas que son súper entretenidas, chistosas, pero tampoco se pueden sentar con el cliente. Entonces pueden estar ganando a partir de 40 mil pesos diarios hasta 100 mil diarios».
Me comentaba que sólo han trabajado un par de chilenas en los años que lleva el café. ¿Por qué cree que pasa eso?
«No sé por qué será. De pronto también tienen ese mismo tabú de que no es algo muy bien visto, entonces es muy poca la que se arriesga. Nosotras las extranjeras venimos con otra mentalidad: trabajar, hacer dinero, entonces hay muchas que responden por sus familias en sus países, entonces al ver que de pronto pueden ganar bien, vienen y lo hacen. Como lo hice yo cuando llegué».


