Estudiantes en la moledora

Fecha:

La nueva manera de medir las carreras universitarias según su rentabilidad habla, por cierto, de nuestras prioridades, del destino de una sociedad con complejo de caja registradora.

Se ha puesto tan de moda el concepto de «rentabilidad» de las carreras universitarias, que ya nadie duda en usarlo como información clave en la orientación vocacional de los estudiantes. La tal rentabilidad es una relación entre el dinero que cuesta estudiar una determinada carrera y los ingresos que se obtienen después de graduarse. En otras palabras, se considera que el estudiante es un inversionista y su educación un negocio.Recuerdo que la principal preocupación de mi familia, cuando hace veinte años y seis meses me disponía a postular a la universidad, era que la carrera elegida tuviera «campo». Aunque yo entendía perfectamente que eso del campo se refería a la demanda de profesionales, había en esa expresión algo que se me escapaba, algo misterioso e inasible acerca del futuro, que sólo ahora puedo entenderlo: era un miedo interno, subterráneo, a la cesantía, al paso en falso, al fracaso. Esas aprensiones eran un antecedente muy primitivo de la actual rentabilidad universitaria, pues establecían una relación entre la educación y sus frutos laborales, pero todavía estaban gobernadas por el principio de la vocación entendida como un conducto placentero de los talentos.

Me pregunto en qué parte de la ecuación de la rentabilidad universitaria entra la satisfacción personal. Un ejemplo extremo de carreras poco rentables es la de músico. En el mismo plazo en que se forma un solo violinista, se forman tres o cuatro ingenieros comerciales, los que a su vez ganan en total lo mismo que ganaría una orquesta de cámara entera. Evidentemente, el violinista ha hecho una pésima inversión. Y, sin embargo, al final de cada concierto, le parece que su inversión ha sido la mejor y que su vida no sería tan agradable si ahora estuviera calentando un asiento en el directorio de un banco o convenciéndose mediante la cartola de la cuenta corriente de que los buenos negocios y el olfato accionario le dan sentido a cada día.

Reducir la educación a un ejercicio financiero no es algo demasiado siniestro, pero sí es, paradójicamente, muy poco universitario. En ese ejercicio está operando la idea de que la universidad es un centro de instrucción, una fábrica o moledora de carne que transforma jóvenes libres en fuerza laboral. Es posible que sea un análisis muy útil desde el punto de vista económico o sociológico, pues permite ver las fluctuaciones de los sueldos y las vacantes en el tiempo, así como las variaciones comparadas entre tal y cual universidad, pero en la práctica está siendo vulgarizado como un índice de carreras y vocaciones, cuyos máximos interesados son jóvenes que, a pesar de que no se les da derecho a tomarse ni una cerveza sin permiso de los padres, están obligados a decidir sus vidas basándose en informaciones puramente monetarias.

Por otro lado, ¿cómo se pretende que los abogados o los médicos, por ejemplo, se mantengan firmes en algún tipo de ética, si su carrera ha dejado de ser concebida desde la ley o la salud para encaramarse en el mundo de los negocios personales y las transacciones? Esa nueva manera de medir las profesiones según su rentabilidad habla, por cierto, de nuestras prioridades, del destino de una sociedad con complejo de caja registradora, que gira y gira, a tontas y a locas, sin saber para quién trabaja y sin siquiera detenerse ni un minuto para tomar agua y respirar.

Compartir:

Hoy en lun.com

Tendencia

Artículos Relacionados

$2.831.336.713: detalles de polémica auditoría por remodelación en ministerio de la Mujer que partió en 2023

Exministra Antonia Orellana rechaza el peritaje La subsecretaria de la...

Entretelones del tenso cruce entre Gala Caldirola y Coté López

La española habló anoche en Primer plano sobre su...

Pamela Díaz sentenció a Mago Jiménez y Pinilla: «Son un par de fallados»

Así los tachó la animadora en un podcast Tras el...

Ojo si se topa con alguno de estos cascos: los robaron de un museo

Hay piezas de Eddie Irvine, Clay Regazzoni y Eliseo...