Nos divertimos sin familias ni amistades
Desde los puntos de vista terapéutico y biológico, se trata de una modalidad que responde a cambios sociales y evolutivos.
Emeterio Ureta -empresario y celebridad televisiva tardía- reveló que había iniciado una relación sentimental «de a dos», que no involucra vincularse con familiares ni convivir; priorizando en cambio los buenos momentos para compartir y pasarlo bien, básicamente.
Desde la perspectiva de la biología, la eventual viabilidad de este tipo de vínculos sugiere otra pregunta respecto de cuál es la función de una relación de pareja asumiendo un punto de vista evolutivo. En definitiva, las relaciones no tienen una jerarquía y tampoco un fin en sí mismas.
Biología romántica
«Partiendo de la base de que somos seres sociales y que necesitábamos de los demás para funciones básicas -como la reproducción, la búsqueda de alimento y el refugio- la elección de una pareja para cooperar y cuidar la frágil descendencia humana es crucial a nivel evolutivo para entender la importancia de nuestros lazos románticos», esgrime la bióloga María Teresa Barbato, doctora en Complejidad Social, especialista en Emparejamiento Humano e investigadora asociada en el Laboratorio de Relaciones Interpersonales y Evolución, Leri, de la Usach.
Lazos cooperativos
Barbato aclara que «esto no implica que no formemos otros lazos cooperativos que faciliten actos de reciprocidad y coordinación». La bióloga -@enteradelove en redes sociales- recalca que «con el aumento de la soledad y la creencia cultural de que una pareja soluciona todos nuestros problemas sociales y emocionales, hoy en día reconocemos que esto no es así, ya que podemos establecer diferentes vínculos con distintos propósitos, y valoramos la importancia de la amistad y las relaciones que nos permiten disfrutar y enriquecer nuestra vida».
Bajar estrés
Independiente de que no solucionemos los problemas en términos de recursos económicos o de descendencia, asevera la bióloga, «los vínculos pueden tener propósitos evolutivos relevantes como el juego, el sexo, realizar actividades de ocio y distracción. En conjunto permiten bajar el estrés y aumentar el vínculo para fomentar relaciones saludable y tomar mejores decisiones en un ambiente que cada vez cambia».
El método Ureta
En términos terapéuticos, este formato de pareja es más usual de lo que se piensa. «Es algo que hoy día se ve de forma más frecuente en nuestra consulta, esto a propósito de las transformaciones sociales que han repercutido en la manera de vivir las relaciones interpersonales y sexoafectivas en general», refiere Jorge Benítez, sicólogo del centro Brújula. Pablo Villanueva, de la misma entidad de atención terapéutica, menciona factores «como el relajamiento de ciertos ideales normativos del amor, una mayor individualización de los proyectos de vida, una situación de mayor equidad entre los géneros para negociar los términos de la relación y, por tanto, la posibilidad de formular arreglos sexoafectivos que se ajusten de mejor manera a las necesidades de los individuos de acuerdo a los procesos vitales y etapas en que se encuentran».
Ayuda al disfrute
El sicólogo Benítez acentúa que en la actualidad «las relaciones no están fundadas solo en la reproducción, tener hijos y casarse. De un tiempo a esta parte el disfrute se ha vuelto importante en la pareja». Agrega que muchas parejas buscan relacionarse desde el disfrute. En esa ecuación a veces los hijos o el involucramiento de familiares pudiese ser visto como un factor de riesgo en ese disfrute, una responsabilidad que no se está dispuesta a asumir». Aclara, eso sí, que «no es que solo se trate de disfrute, en este tipo de relaciones también se satisfacen necesidades emocionales y en las que veces pueden llegar a ser más estables en la medida que las personas sean libres de acordar cuando quieren y necesitan verse y compartir. Por lo tanto, el encuentro con el otro se lleva a cabo desde una mayor disponibilidad, con mayor presencia y sin las tensiones que las tareas de convivencia suelen traer asociadas».
Todo cambia
El sicólogo Pablo Villanueva recalca que «hay una nueva forma de relacionarse. Incluso, palabras como novios y pololos han ido cambiando; ahora con más frecuencia se escucha hablar de compañeros o pareja. Esa nueva forma de identificarse ha ido cambiando también la forma en que se construye el espacio íntimo en la relaciones».


