Tiene dos pisos y no le entran ni balas
Su dueña cuenta que sus hijos se la ampliaron porque se negó a abandonar a sus vecinos del campamento Santa Clara.
Cuando fue elegida presidenta del campamento, es decir, a los pocos días del tsunami y cuando vivía en carpas y toldos de plástico, Luisa Villegas se comprometió con sus vecinos de Santa Clara en Talcahuano a que no los abandonaría hasta que les entregaran mediaguas.
Un mes después llegaron las mentadas mediaguas, pero doña Luisa fue reelecta por abrumadora mayoría. Entonces hizo otro juramento: «Les dije que no los abandonaría hasta que nos dieran la casa definitiva». Aplausos y vítores.
Pero cada vez que doña Luisa juramentaba su lealtad vecinal, sus hijos, que son cinco, todos adultos y con recursos, fruncían el ceño de preocupación. «Cuando vivía en el campamento me dijeron mamá, ándate de ahí, te vamos a comprar un terreno y construir una casa . Pero yo les dije que no, que había hecho un juramento», cuenta doña Luisa. «Con la mediagua igual. Me dijeron mamá, ya llegaron las mediaguas, ahora sí que te sacamos . Pero yo no tuve corazón para irme, ésa es la verdad. Entonces , me dijeron, te vamos a hacer una mediagua a nuestra pinta «.
A los pocos días, cuenta la dirigenta, uno de sus yernos llegó con un montón de madera y se puso a carpinterear. En cinco días la mediagua había aumentado al doble, pero hacia arriba: le habían levantado un segundo piso. «Le hicieron dos piezas más y ahora los tres que vivimos aquí quedamos más holgados», cuenta la mujer. «Antes, incluso, la mediagua se llovía; ahora no le entra nada. Quedamos impeque». Aunque doña Luisa lo piensa mejor y se corrige casi de inmediato:
«En realidad no tan impeque. Yo tenía dos casas en un gran terreno y todo se lo llevó el mar. Hoy ese lugar me da pena y miedo. Pena porque me acuerdo de mi vida pasada y miedo por el tsunami. No me gustaría volver a vivir allí. Ojalá que la casa definitiva valga la pena».


