Sesenta cigarros al día llevaron a la muerte a Sergio Valech, defensor de los Derechos Humanos
Rebatió sin pelos en la lengua a la dictadura y tenía una gran fortuna.
Sergio Valech era un hombre demasiado serio como para andar tirando tallas a diestra y siniestra. Sus funciones pastorales tampoco le permitieron modificar su aspecto adusto y el ceño fruncido. Pero detrás de ese rostro pétreo había un tipo cariñoso.
Apenas llegó ayer el féretro a la Catedral Metropolitana, los feligreses se agolparon en el altar. «Gracias por la democracia», gritó un parroquiano encima del ataúd antes de salir hacia calle Puente.
Entre la concurrencia estaba el abogado Humberto Lagos, quien ejerció en la Vicaría de la Solidaridad cuando Valech sucedió a Santiago Tapia. «Yo era dirigente de los funcionarios, quienes estaban inquietos por el cambio de mano. Con su aire bonachón y acogedor de siempre nos comunicó que seguiríamos por el mismo camino de defensa de los Derechos Humanos», describe.
La llegada de Valech, cuentan juristas que estaban en ese momento, se resume en una pregunta que formuló al aire: «¿Qué hace aquí un cura momio como yo?». Graciela Ortega, periodista de la Vicaría en esos años, recuerda que «don Sergio era reacio a los periodistas y se catalogaba a sí mismo como un momio renovado . Todos temimos que había llegado a cerrar la Vicaría, pero con el paso del tiempo se ‘convirtió' y fue un defensor firme pero amable de nuestra labor y de todos nosotros». Añade que «le aburrían un poco las ceremonias y siempre hacía misas breves. Era muy modesto, bastante tímido, fanático de los peces, que mantenía en uno o varios acuarios».
Al senador Andrés Zaldívar le impactó que aunque Valech tenía una imagen de cercanía con la dictadura, «cuando lo tocaron en sus valores, se rebeló». Esa historia le valió a la larga que el informe de la Comisión sobre Prisión Política y Tortura (fue presidida por él y recopiló casos del régimen de Pinochet) sea hasta hoy más conocido como «Informe Valech».
Humberto Lagos acota que «en los tiempos de Pinochet el 33 por ciento de la iglesia respaldaba al cardenal Silva Henríquez, otro 33 por ciento apoyaba incondicional a los militares y otro 33 por ciento se lavaba las manos». El abogado tiene otra anécdota: «Cuando cerró la Vicaría, los trabajadores me pidieron representarlos en un discurso. Monseñor aprovechó de decir ‘ahora yo sé quién me hurtaba el vino que me regalaban'. Más de alguna vez le sustrajimos alguna botella, pero yo le dije que era con sentido cristiano. Como era diabético, le impedíamos que bebiera algo que podía hacerle mal a su salud». Lo que nunca dejó fue el cigarrillo. Su récord: tres cajetillas diarias. Eso le provocó el cáncer que ayer le quitó la vida a los 83 años.
Sentí profundamente la muerte de Sergio Valech (.) tuvo que enfrentar muchas veces la autoridad y a los poderosos, y lo hizo con coraje, porque la causa de los Derechos Humanos debe ser defendida siempre
Presidente Sebastián Piñera


