La falta de variedad en las formas ha vuelto abrumadora la sobreoferta de contenidos noticiosos.
«A continuación le ofreceremos / las noticias frescas emanadas / del informativo más completo / que haya llegado hasta su casa». Así empezaba (¡empieza todavía, como todas las canciones inmortales!) «Noticiero crónico», creación con la que Óscar Andrade ganó el recordado «Chilenazo» en 1981 y desafió la censura impuesta por el régimen militar de la época.
Por estos días ha vuelto a mi memoria el tinte robótico y pesadillesco adoptado por el lector de noticias de ese videoclip (el mismo Andrade).
Es que ¿se ha fijado la cantidad de horas que nuestra televisión dedica a la entrega de noticias? Tomemos un solo canal. Mega de lunes a viernes. De 5:45 de la mañana a 15 horas tiene lugar el primer bombardeo («Meganoticias amanece», «Mucho gusto» y «Meganoticias alerta»). Ya van 9 horas y cuarto.
De 21:20 a 22:40, «Meganoticias prime». Vamos en 10 horas 35 minutos. Y falta todavía. Agréguele la media hora de «Hora cero» y las dos horas de «Meganoticias ahora noche». Total para cada día hábil: 13 horas y 5 minutos. 67 horas y media a la semana sin contar ni sábado ni domingo.
Incluí al matinal porque, salvo la media hora final de esos franjeados, que suele ser dedicada a la publicidad encubierta, todo en esos espacios gira en torno a la contingencia periodística, lo que no es malo, pero mucho menos es bueno.
Si así están las cosas, mejor sintonizar CNN Chile o el canal 24 Horas. También son noticias, pero sin un movilero diciéndole a un automovilista sometido a una fiscalización vehicular que tiene unos ojos preciosos (te amo, Tomás Cancino) ni un conductor que interrumpe las notas con intervenciones tan endebles que parten con «no sé», «no tengo idea», «me imagino», «¡qué sé yo!» o «a lo mejor» (aguante, Repenning).
No sería tan abrumadora esta sobreoferta de programas informativos si la forma variara algo. Todo es «Último minuto», «Vamos donde está llamando la noticia», «Algo está pasando en La Granja» o «Hay sentencia en nueva revisión de cautelares del caso Cathy Barriga».
Qué diferente sería si se nos ofreciera a los televidentes a Tomás Mosciatti entrevistando al personaje de la semana. A un «Informe especial» de nuevo como programa autónomo, no como un apretado segmento de «24 horas». O a otro espacio que haga un seguimiento de protagonistas de las que fueron grandes noticias e historias en su momento (el modo «¿Qué fue de?», que como se aplica tan poco tiene un poder de convocatoria garantizado).
Son buenos los porotos, pero cansan si no se cambia la receta.


