Su retiro marca el declive del diálogo.Representa la muerte de los acuerdos.
La salida de la vida pública de Ricardo Lagos marca el fin de una era. Marca el declive del diálogo. Representa la muerte de los acuerdos. La política cambió y Lagos ya no tiene nada que hacer. A pesar de todo lo que aún puede dar, simplemente ya no tiene cabida. No es necesario ni necesitado.
El expresidente ya se había alejado bastante de la política por lo mismo. La dificultad de sentarse a la mesa para entender dónde estaban los desacuerdos fueron la primera señal de alerta. Pero las disputas que nacieron dentro de su propio sector a raíz de sus opiniones fueron la gota que rebalsó el vaso. Su imposibilidad de apoyar con entusiasmo el Apruebo en el primer plebiscito, más bien su silencio sobre el tema, lo convirtieron en un enemigo interno para un sector del oficialismo.
La descripción que hizo la alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, sobre la izquierda que hoy gobierna ayuda a entender en buena parte por qué Lagos terminó alejado de su sector. Pues hay un mar de diferencia entre la arrogancia de quienes tuvieron todo para hacer cambios, pero que ahora desde el poder no han logrado hacer nada, y lo mucho que logró hacer Lagos con lo poco que tuvo.
Es absolutamente entendible que Lagos, que representa todo lo contrario al gobierno, en cuerpo y alma, simplemente no quiera participar más. No se puede persuadir a quien no quiere dialogar. Lagos será recordado por lo que hizo por el país. Pero será más recordado por su capacidad de forjar acuerdos necesarios para conseguir avances tangibles.


