La mayoría de estos clientes son jóvenes y se conmueven cuando ven su nuevo look
Anthony Martínez, de 23 años, entrega más que un servicio: Trato de establecer una conversación con ellos y brindarles amistad, compañerismo, dice.
«Vi la necesidad que había en la calle y tomé la iniciativa de compartir el talento que tanto amo, que llevo puesto en mi corazón», cuenta Anthony Brayan Martínez Venté, un barbero colombiano de 23 años que vive en Antofagasta. Trabaja en The People, una barbería ubicada en Morro de Arica con Nicolás Tirado, y reserva al menos un día a la semana para atender «a domicilio» a personas de la calle que no tienen plata para un corte de pelo. Él lo explica mejor: «Para hacerles la vida alegre, con tan solo un cambio de imagen».
Pero no es sólo una «peluqueada», como dice este joven que llegó a Chile en 2022. «Trato de establecer una conversación con ellos y brindarles amistad, compañerismo. Ellos aceptan», explica. En su auto y con un ayudante, recorre los barrios en busca de los fantasmas que nadie quiere ver, para tenderles su mano hábil. Instala una silla en una esquina, abre una maleta con sus instrumentos y se pone una «chaquetica» con varios bolsillos para guardar tijeras, peinetas y pequeñas cortadoras de pelo.
Con la capa de peluquería alrededor del cuello y la cabeza inclinada hacia adelante, para que la cortadora corra mejor por la nuca, los «clientes» se confiesan. «Me cuentan su vida, sus inicios en la calle, que cómo empezaron, que la familia, que les cambió la vida por una pelea familiar. Algunos tienen problemas mentales, porque hablan muchas incoherencias. Quieren salir de la calle, pero se les hace difícil. Les doy un espacio para que puedan desahogarse», explica.
Recuerda especialmente la historia del «Jote», un conocido joven con problemas mentales que ronda la esquina de Morro de Arica con Manuel Silva. «Estaba terrible y cuando le brindé el servicio fue algo impactante. De verdad que hasta a mí me sorprendió. No pensé que el talento podía hacer tantas cosas. De verdad fue algo bonito», cuenta.
Anthony cree que las greñas de la gente que vive debajo de la alfombra de la ciudad no son una forma de rebelión, no son un manotazo a un mundo que les ha dado la espalda. Simplemente no tienen plata para conseguir un corte decente. «Es conmovedor. Me da tristeza. Veo muchos jóvenes. Hay mucha vulnerabilidad en los jóvenes. Me lleno de sentimiento cuando los veo. Es muy bueno practicar la empatía con el prójimo», explica.
Algunos le piden a Anthony un corte especial: más de los lados, menos de adelante. La mayoría le dice «haga lo que usted quiera, usted es el barbero». Ese respeto lo conmueve. Sus máquinas también recortan las barbas.
El toque final es la «pistola de alcohol», que pulveriza este químico mezclado con agua sobre la cabeza del hombre que está sentado en la silla. El aparato tiene un recipiente para los líquidos y al momento de accionarlo más encima emite una luz azulada, por lo que da la impresión de que en realidad dispara un rayo futurista. «Es para desinfectar al cliente. Hoy en día en la barbería de usa mucho», cuenta.
Cuando la sesión termina y el joven peluquero les pasa un espejo para que aprecien su nuevo look, los «clientes» se emocionan. Así eran. Así se recordaban. «Se ponen contentos. Llevan un rato sin cortarse. Meses. Se llenan de emoción», cuenta. El peluquero entonces tiene que guardar su equipo y barre la calle con una escoba y una pala. «Trato de ser bien higiénico en el lugar donde esté», explica.
A veces graba videos de estas sesiones y los sube a su cuenta de Tik-Tok (@anthonylmdeus949). No falta quien reconoce a los protagonistas de las historias. «Un cabro súper esforzado y buena persona, dónde fuiste a caer amigo mío», comentó un usuario sobre un muchacho de polera negra. «Ese es mi compadre, el malabarista», agregó otro.
También abundan los saludos y el apoyo para Anthony. Le piden que vaya a otras ciudades para hacer lo mismo y él se entusiasma. «No subo todo lo que hago. Uso las redes sociales como un canal de bendición, para que la gente pueda percibir la realidad que se vive hoy en día en las calles», explica.


