Estudio de Laborum arrojó que en Chile existe la peor relación con los altos mandos en Latinoamérica
El descontento subió 27 puntos porcentuales desde la medición de 2023. Los chilenos, además, se sienten con menos capacidades de liderazgo que antes.
Los trabajadores en Chile tienen la peor relación con sus jefaturas en Latinoamérica, según el estudio 2025 «Líderes o jefes» de la plataforma de empleos Laborum, donde poco más de ocho de cada diez trabajadores ha pensado en renunciar debido a la mala relación que tiene con su superior.
El estudio fue aplicado a 2.891 trabajadores de Argentina, Chile, Ecuador, Panamá y Perú, 612 de los cuales fueron chilenos, reportó que el 83% de los trabajadores locales consideró dejar su empleo por esta situación.
La cifra que va al alza porque en 2024 llegaba al 77% y en 2023 estaba bastante más abajo, llegó al 56%. El indicador también sorprende porque el país queda en el primer lugar de la región, seguido por Argentina, con 77% y Ecuador, con 72% o Panamá y Perú con 71%.
Los datos locales arrojan que siete de cada diez trabajadores no ven a sus superiores como un verdadero líder y destacan más sus aspectos negativos que positivos.
Diego Tala, director comercial de Laborum, explica que la mala relación se fundamenta en un estilo de liderazgo tradicionalmente autoritario. De hecho, el 49% de los trabajadores califica así a su jefatura.
«La mitad de los encuestados dice no recibir el apoyo esperado por parte de sus jefes, lo que genera un ambiente de desconfianza y desmotivación. Esto da cuenta de que las competencias blandas como la comunicación efectiva, la capacidad de inspirar, motivar y el apoyo al crecimiento profesional no están siendo desarrolladas ni valoradas en muchos equipos», plantea.
Maximiliano Hurtado, director del Magíster de Dirección de Personas de la Universidad de los Andes, agrega que los problemas de salud mental que enfrentan las personas, el regreso a la presencialidad y la poca preparación son factores que pueden influir en esta percepción.
«Algunas empresas han vuelto a la oficina luego del teletrabajo, puede que haya nuevos líderes sin la preparación adecuada», menciona.
Alejandro Servide, director de Professional Talent Solutions de la reclutadora Randstad para Argentina y Chile, comenta que se suele decir que las personas renuncian a sus jefes y no a su empleador.
«Y eso representa muy bien la incidencia que los mandos medios y gerenciales tienen sobre el clima y el ambiente laboral. Hoy las personas buscan empleos con propósito, priorizan su realización personal dentro de su espacio laboral y quieren trabajar en ambientes con buen clima», sostiene.
Trabajar teniendo la intención de renunciar repercute directamente en el bienestar laboral y la productividad.
«Esto sugiere un riesgo elevado de rotación de personal, lo que implica costos financieros y de tiempo para la empresa al tener que incorporar y formar nuevos talentos», dice Tala.
Otro hallazgo de la encuesta es que las mismas personas se sienten con menos capacidades de liderazgo que antes. Si bien el 87% de los encuestados dijo tener las cualidades suficientes para convertirse en líder, la cifra bajó respecto al 93% alcanzado en 2024. En Panamá la autopercepción de buen liderazgo llegó al 96%, mientras que en Perú alcanzó el 83%.
Los resultados no debieran sorprender, indica Tala, porque hay muy pocos programas de formación y desarrollo que se enfoquen en habilidades blandas y de liderazgo en el país. Y menciona un detalle: en Chile solo el 30% de las empresas implementan este tipo de prácticas.
Faltan líderes humildes
Para los especialistas en temas laborales, el líder no nace, sino que se forma y moldea a lo largo de los años, por lo que las compañías deben trabajar para contar con buenas jefaturas.
«Hay que abordar el tema de manera integral con formación y certificación de los liderazgos mediante cursos, mentorías y coaching; asumiendo responsabilidades gradualmente o el desarrollo de habilidades interpersonales, con especial énfasis en la comunicación y el fomento de la empatía y gestión emocional», recomienda Tala.
Hurtado agrega que revertir un mal liderazgo es posible, pero requiere una inversión consciente: programas de formación, mentoría, autoaprendizaje y, sobre todo, voluntad de mejorar.
«Hoy se necesitan líderes humildes, que entiendan que su rol no es tener todas las respuestas, sino que crear las condiciones para que otros brillen. Desde el liderazgo transformacional, por ejemplo, se plantea que un buen líder debe estimular intelectualmente a su equipo, desafiarlos a pensar, a crecer, a crear. Eso requiere autoconocimiento, empatía y un compromiso profundo con el desarrollo de las personas», explica.
Servide coincide con esta reflexión: «Frente a opiniones divergentes, un buen líder apela al diálogo franco, fomenta el intercambio de ideas y promueve una cultura en la que disentir no es percibido como un signo de rebeldía, sino como una oportunidad para enriquecer el proceso de toma de decisiones».



