En el terreno crece el Palo Colorado o lúcumo chileno, una especie endémica protegida que no puede ser arrancada
El proyecto está ideado con el mismo principio de una casa en un árbol, donde se tiene un tronco, pero que en este caso es el bloque de cemento cuadrado, dice el arquitecto a cargo.
La construcción de la casa CR, ubicada en el borde costero de la localidad de Punta Hueso, en la comuna de Los Vilos, planteó un desafío no menor en su construcción. En el terreno donde la iban a levantar, crece el Palo Colorado, más conocido como el lúcumo chileno, un matorral costero endémico que puede alcanzar los 25 metros de altura, y que está en un plan de conservación. Por ello, no se podía arrancar, y conseguir los permisos ante el SAG, el municipio y otras entidades le llevó ocho años al dueño de la propiedad. La solución ideada por los arquitectos fue construir en altura, sobre los tres metros desde el suelo. El resultado es una vivienda que, al mirarla desde lejos, se ve levantada sobre una base y rodeada de vegetación nativa
«Teníamos ciertas restricciones de parte de la Conaf para conservar la especie Palo Colorado, que es característica de la zona donde hay bosque nativo en preservación. No podíamos retirar ninguna, había que esquivarlas todas», cuenta el arquitecto Juan Pablo Gutiérrez, quien con su oficina de arquitectura Lote Studio e Ignacio Ferreira se la jugaron por hacer algo poco tradicional en ese pequeño espacio que les quedaba disponible.
«Nos hicieron un plan de manejo para habilitar ciertas zonas, pero teníamos sólo unos 15 metros cuadrados para construir en primera línea; era un espacio muy limitado y super inviable para hacer una casa», agrega.
Si bien estaban autorizados a construir a unos 35 metros del inicio del acantilado, donde no había vegetación protegida, por el desnivel del terreno no tenían vista al mar, pese a estar en el borde costero. Por eso, querían algo en primera línea, a unos ocho metros de distancia del borde, para lograr una mejor visual.
Así dieron vida a la casa CR, concebida como segunda vivienda, que tiene una base de hormigón que cabe en los 15 metros cuadrados de que disponían. La base tiene una altura que va entre 2,80 metros y 3,20 metros, según el desnivel del lugar, para poder levantar la vivienda y soportar la estructura de la propiedad -de 155 metros cuadrados- sin perjudicar la vegetación.
«Fue bonito dentro de todo, porque había que echarle para adelante para poder armar algo ahí de forma respetuosa y acorde a la vegetación local y obtener el permiso de construcción. El proyecto está ideado con el mismo principio de una casa en un árbol, donde se tiene un tronco, pero que en este caso es el bloque de cemento cuadrado. Encima se le genera una grilla de 9 cuadrantes, soportados por vigas grandes laminadas de madera que van adheridas al cuadrante central de hormigón», indica Gutiérrez, que muestra el resultado de su trabajo en la cuenta @lotestudio en Instagram.
Explica que la idea de combinar madera y hormigón buscó lograr que el peso visual se balanceara entre ellos. «También fue por un tema estructural; se escogió el hormigón porque se necesitaba de un soporte firme. La casa entera se podría haber hecho de madera, pero se buscó hacer un juego entre ellos», cuenta.
Para entrar a la vivienda hicieron una escalera caracol de hormigón en el centro: «Su forma como que te desorienta al subir y no sabes hacia dónde está el mar, pero luego ya entras a la casa y te ubicas perfecto. Fue un juego de geometría entre cuadrados y círculos», detala el arquitecto.
¿Cómo construyeron en el lugar para no afectar la vegetación?
«Toda la construcción la hicimos más atrás del lugar en que está la casa, para alejarnos de las especies nativas, y los materiales e instalación de la faena también se pusieron más distantes. Por ejemplo, generábamos los moldajes y, cuando estaban listos, se llevaba solo lo que se necesitaba, cosa de no generar escombros de más en el lugar».
Ventanas de techo a piso
La casa está concebida para una persona, con un dormitorio y un baño. Los trabajos tardaron un plazo de 12 meses con un costo de 42 UF ($1.639.803) el metro cuadrado: «Aumenta el valor porque está en un lugar más aislado y hay que mover los equipos a una zona que no está poblada».
Ya dentro de la casa, la escalera caracol divide el espacio en dos ambientes: «En un lado queda la parte privada, con la habitación y el baño, y en el otro la parte pública, con la cocina, el living y el comedor. Todos los espacios miran hacia el mar».
Para integrar aún más la casa al entorno, tiene cinco ventanales en su perímetro que van del piso al cielo: «Se hizo para introducir el paisaje dentro de la vivienda, para dar la sensación de estar inserto en él».
Se incluyeron maderas termotratadas para que no les afecte ni el sol ni la humedad, ya que está cerca del mar: «Por eso tampoco usamos fierro, porque se termina oxidando y degradando con el tiempo».
Respecto a la temperatura, Gutiérrez dice que el cemento no la hace más helada. «El hormigón cuando está expuesto al sol es un muy buen material para resistir el calor durante el día, y guardarlo y transmitirlo en la noche. Es una buena forma de entregarle calor a la casa».
La vivienda tiene pozo de agua, y las aguas grises y negras van a una planta de tratamiento.


