Su existencia no solo es justificada. Los influencers son totalmente necesarios en momentos como el actual.
Se suele uno quejar de los influencers como si alguien nos los impusiera. Como si fueran una suerte de dictadura del lugar común, seres anómalos venidos de la luna que están invadiendo el planeta Tierra.
Pero lo cierto es que son humanos, demasiado humanos, con pasiones, amores y odios, como los nuestros. Solo que más concentrados.
Solo que más puros en algún sentido.
Por eso no es raro que una tragedia como la que asola a Viña del Mar los impacte.
Que les duela en el alma lo que nos duele a todos. Que sean como todos nosotros no nos debería sorprender. Y nos debería alegrar que usen ese poder, esa realidad aumentada que ellos representan, para juntar víveres, agua, ayuda urgente para la gente que de otro modo no podría acceder a ella.
Ahora, hay que aclarar algo: el nombre influencer, que perfectamente le cabe a un cantante urbano, a una socialité o a un personaje que celebre lo erótico, es un poco sobredimensionado. En realidad, los influencers no influencian a nadie, porque son solo representantes de quienes los seguimos.
Eso sí, pueden decir qué hacer cuando nadie sabe mucho qué hacer. O pueden repetir lo que las autoridades vienen diciendo sin éxito, sin la cercanía, sin la proximidad que ellos pueden lograr.
Con solo lograr un poco de ayuda ya han justificado su existir y han echado por tierra las dudas sobre la necesidad de su existencia.


