Una mujer condenada al éxito
En esta nueva temporada de Carmen Gloria a tu servicio la gran novedad es lo que ha crecido la jueza de TVN.
Es notorio el estatus que ha ido ganando Carmen Gloria Arroyo dentro de Televisión Nacional. Para comprobarlo es cosa de cotejar eventos importantes de la industria con su grado de participación en ellos a nombre de esa casa televisiva.
Día del patrimonio nacional y ahí está ella, abriendo las puertas del canal al público. En cruzadas solidarias como la Teletón o «Juntos, Chile se levanta» hoy por hoy tampoco puede faltar la jueza de TVN representando a ese canal. ¿Programa satélite del Festival de Viña? Carmen Gloria es número puesto entre los conductores de la red estatal.
Y no es solo que sea designada para estar allí, sino que lo hace muy bien. Con la prestancia necesaria para, tras cada desafío, volver a ser convocada para uno mayor. Con la versatilidad precisa para demostrar que se puede ser una experta en su área sin quedar confinada al mero rol de panelista. Con la personalidad suficiente para decirle a su compañero Eduardo Fuentes que «alguien que te tiene mala te dijo que eras humorista» (pasó en «Noche cero especial»).
Este lunes lanzó la séptima temporada de su espacio «Carmen Gloria a tu servicio», desde un sector azotado por los recientes incendios, Villa Independencia de Viña del Mar.
Al chequear los capítulos de esta nueva temporada se constata que lejos el mayor cambio en este nuevo ciclo es lo empoderada que sorprende a Carmen Gloria. Todo un mérito, ya que estamos hablando de un canal que constituye un sendero sumamente pedregoso para que los rostros, sobre todo los femeninos, hagan pie y carrera funcionaria.
Para terminar, una infidencia. El día en que casi me atropella Iván Torres en Bellavista, tras reponerme de ese susto mayúsculo, ingresé a su canal, trémulo pero como un integrante más de la multitud de compatriotas ansiosos de conocer por dentro esa estación. Y al llegar al set del programa de los litigios televisados me tocó cruzar unas breves palabras con ella. Podría jurar que me reconoció detrás de mis lentes oscuros y bajo mi sombrero negro. Yo, como un simple televidente y al igual que todos ellos, reconozco su vigorosa evolución.


