«El único pecado de mi hija es que era bonita; eso no se lo perdonaron»

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Madre de Madeley cuenta la historia de la joven boliviana asesinada en Alto Hospicio

Devoradora de libros, delantera de la selección de fútbol de su colegio y amante de los animales. Este año entraba a estudiar medicina. Un ataque perpetrado el viernes 1 de marzo terminó con su vida. La fiscalía formalizó a un vecino de nacionalidad paraguaya.

Jhuly Córdova asegura que su hija Madeley era distinta a las demás jóvenes de su edad. Como diría cualquier madre de su hija, podrá pensar alguien. «Pero no, le digo que Madeley de verdad era especial», insiste Jhuly.
En primer lugar, cuenta, era una devoradora de libros. «Leía literatura, libros de historia. Lo que llegara a sus manos. Siempre con un libro en la mano».

Segundo, era fanática del fútbol. «Jugaba con sus amigos y era seleccionada de su colegio. Jugaba de delantera y era buena. Metía goles».

«Tercero», sigue enumerando Jhuly, haciendo un esfuerzo gigante por afirmar la voz porque la pena está a punto de derrumbarla, «era amante de los animalitos. En el tiempo que estuvo acá con nosotros en las vacaciones, que fueron dos meses, rescató tres gatitos de la calle».

«Y era tranquila, era inteligente y era muy aplicada en los estudios. El único pecado de mi hija es que era bonita. Era bonita y le gustaba arreglarse. Se pintaba los labios rojos y se veía estupenda. Ese fue su pecado. Eso no se lo perdonaron».

Medicina

Madeley Aduviry nació hace 17 años en Cochabamba, Bolivia. Era la tercera de cuatro hermanos nacidos del matrimonio de Jhuly y su marido. La hija mayor estudia Bioquímica y está a punto de salir. El que le sigue, Brandon, cursa tercer año de medicina, y desde hace unos cuantos años que Madeley decía estar convencida de seguir los pasos de su hermano. «Quería ser psiquiatra», cuenta su madre.

Pero las cosas en Cochabamba no estaban yendo muy bien. «Cuando supimos que Madeley quería estudiar medicina, decidimos con mi marido ir a Iquique a trabajar. Con tres hijos en la universidad las cosas se ponen muy difíciles y económicamente no nos estaba yendo bien en Bolivia», admite Jhuly.

Hace dos años y medio el matrimonio se fue a vivir a Alto Hospicio, solos. Los hijos se quedaron en Cochabamba, bajo el cuidado de los hermanos mayores. Se instalaron en la toma La Pampa, que a pesar de lo que cree la gente, «es bastante tranquila; los vecinos se protegen entre sí».

A principios de enero de este año, Madeley y su hermano Brandon fueron a visitar a sus padres durante las vacaciones. «A Madeley le encantaba la playa de Iquique. Iba todos los días a bañarse», cuenta su madre. «Después se quedaba en la casa, porque era muy tranquila, muy calladita. Siempre con sus libros».

Brandon cuenta que nunca dejaba sola a su hermana. «O estaban mis papás o estaba yo, pero Madeley nunca quedaba sola. Ni en Cochabamba ni en Alto Hospicio ni en ninguna parte. Salvo ese día, que fue justo el día después de que me fui a Bolivia», cuenta.

El crimen

Ese día al que se refiere Brandon es el viernes 1 de marzo. Aquella mañana, como de costumbre, el padre de Madeley salió de su casa a las 8:30 para ir a trabajar, mientras que Jhuly salió a las 9. «Mi hija estaba durmiendo, no la quise despertar. Las vacaciones son para descansar», cuenta Jhuly que pensó.

Cerca del mediodía, su padre intentó comunicarse con su hija por teléfono, pero Madeley no contestó. Insistió en varias oportunidades, pero no hubo caso. Jhuly salió antes de su trabajo y llegó a la casa en la tarde. La puerta estaba forzada. Cuando entró, vio una escena indescriptible. Su hija yacía en su cama, muerta. Alguien la había atacado.

La PDI inició un empadronamiento del barrio. A dos casas de distancia entrevistó a un ciudadano paraguayo. El hombre tenía heridas en su cara. Cuando le preguntaron por ellas, dijo que había tenido una riña en Iquique la noche anterior. Pero las heridas no parecían de una pelea a puñetes, sino que, claramente, parecían arañazos de alguien que se estaba defendiendo.

Los detectives verificaron las cámaras de seguridad del lugar y hora donde se supone se había producido la mentada riña y no encontraron nada. Lo que sí encontraron en el celular del sospechoso fue una selfie que se tomó horas después de la supuesta pelea. No tenía ningún rasguño.

«Yo lo ubicaba perfectamente, era un tipo muy desagradable», cuenta Jhuly. «Encontraba que se tomaba una confianza que no correspondía, que hacía avanzadas conmigo. Mi marido tuvo que enfrentarlo en una oportunidad para que no siguiera molestándome».

La prueba más concluyente llegó el miércoles, en las postrimerías de la audiencia de formalización del sospechoso en el Tribunal de Garantía de Iquique. La fiscal Camila Albarracín leyó un informe del Servicio Médico Legal: en una de las uñas de Madeley, se encontraron rastros genéticos del imputado.

El sujeto, que ya tenía antecedentes por abuso, quedó en prisión preventiva. Su defensa logró que el tribunal decretara su encarcelamiento apartado del resto de la población penal. «Estoy amenazado de muerte», dijo el acusado.

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