Ciertas fibras animales son delicadas; las polillas se las devoran y mal lavadas se desarman
Las larvas anidan en tejidos en búsqueda de proteínas, pero a textiles como el poliéster no les pasa nada.
Suele pasar: uno saca la ropa de invierno del fondo del clóset y se encuentra con abrigos y chalecos agujereados. ¿El culpable? Milimétricas larvas de las polillas, que no se ven, pero ahí están.

Este insecto -al igual que las mariposas- se desarrolla siguiendo un proceso metamórfico que pasa por las etapas de huevo, larva, capullo y polilla en su estado adulto.
¿Cómo llegan a los tejidos? «Son las polillas hembras las que causan los estragos. Se sienten atraídas especialmente por fibras animales -como la lana de oveja, de alpaca, de conejo angora y la seda- ya que estos tejidos son ricos en proteínas», explica la diseñadora Francisca Tornero, socia de la asociación gremial Moda Chile.
Hábitat perfecto
Convertidos en microgusanos, estos bichos se alimentan de queratina, proteína presente en los tejidos que les proporciona los nutrientes necesarios para su desarrollo.
La ecóloga Jadille Mussa, académica de la Universidad Central, cuenta que en nuestro país existen casi 1.500 especies de polillas: unas son silvestres polinizadoras y también están las que comen ropa. A estas últimas no las atrae la luz, como las mariposas nocturnas de primavera, «sino más bien su ecología es habitar al interior de los hogares o en cualquier lugar oscuro y solitario con fibras de origen animal como lanas, pieles, plumas y fieltro», precisa.
«Las larvas no se alimentan de fibras sintéticas ni tampoco dañan a las personas ni a las mascotas. Sí pueden llegar a comer tejidos sintéticos si están mezclados con la lana», advierte. Aunque no solían crecer en invierno, la calefacción y la mayor disponibilidad de prendas de lana en armarios y bodegas permiten que hoy estos insectos de la ropa se desarrollen en cualquier época del año.
«Para el control, se pueden poner en los clóset naftalina y cáscaras de limón», aconseja. Tornero recomienda guardar la ropa de lana (como abrigos y chalecos) en bolsas de plástico bien cerradas que las mantengan secas y las aíslen de los parásitos.
¿Lana o poliéster?
Las bajas temperaturas son la excusa perfecta para renovar el clóset, sobre todo si durante estos días ya vio algo interesante en alguna vitrina. Una prenda que se repite en las tiendas son los abrigos de poliéster y lana natural.
¿Cómo distinguir el mejor material? Tornero advierte que una desventaja del poliéster es que no logra un buen confort al ser un derivado del petróleo. «Como está trabajado sobre un tipo plástico, no permite la respiración natural de la piel. Puede ser que abrigue, pero de alguna manera ahoga los poros», recalca. Una de sus virtudes, por otro lado, es que las polillas ni lo miran. «No le pasa nada porque es sintético. Aunque si es de mala calidad, es muy fácil que le aparezca peeling y tenga una vejez de peor calidad», aclara la diseñadora.
Paz Macera, gerenta de producto y diseño Monarch, destaca que este material sintético es muy resistente, fácil de cuidar y durable. «Al ser liviano y aislante, se usa más en primeras capas, aunque hoy también uno puede encontrar poliéster con mucha tecnología que logra una textura casi similar a la de una fibra natural. Si bien es una fibra sintética, tiene cuidados súper simples. Es de fácil lavado, mayor resistencia, más durabilidad y no se deforma: es súper batallero».
La lana, en tanto, cuenta con mejores atributos térmicos y por eso mismo su valor en el mercado es mucho más alto (un abrigo de lana cuesta fácilmente sobre $200.000). «La diferencia entre un abrigo de lana y otro de poliéster es abismante. El beneficio que entrega un abrigo de lana, por ser de origen animal, es muchísimo mayor: aísla el frío y ayuda a que la piel respire. Uno asocia siempre la lana a algo grueso, pero también puede ser delgada y mantener el mismo abrigo», admite Tornero.
«La lana es una fibra natural animal. Siempre se ha usado como abrigo y a través de los años se han ido trabajando los distintos grosores, lo que significa que no necesita ser un hilo grueso para abrigar», aporta Macera.
Extreme cuidados
Alejandra Bobadilla, directora creativa de la marca de diseño de autor Surorigen, especializada en textiles de lana, sostiene que esta fibra animal proteínica requiere de cuidados especiales. «En el caso de un suéter, debe lavarse en frío o a baja temperatura con el programa de tejidos delicados; si se lava a mayor temperatura puede encogerse considerablemente. No debe utilizar jamás el centrifugado ni secadora. Tampoco debe secarlo colgado, sino mejor extendido en horizontal, ya que de lo contrario se puede deformar el tejido».
En el caso de los abrigos, sugiere lavar en seco. «Lo mejor es ventilar o airear las prendas de lana y no lavarlas tan frecuentemente. Se recomienda utilizar un peine para eliminar pelusas».


