El animador de Mi nombre es se compró hace cuatro años una casa en medio de un bosque
«Es bosque, bosque, bosque, profundo». Así describe Jean Philippe Cretton el lugar de Chiloé donde está la casa que compró hace cuatro años para desconectarse, o como dice él: «Para encontrarse con la naturaleza». Es un refugio al que va, más o menos, cuatro veces al año y que empezó a visualizar cuando era muy joven.
En medio del lanzamiento de la nueva temporada de «Mi nombre es» (TVN), que se estrena este domingo (22:30), el periodista reconoce: «A los 20 años me empezó un tema con el bosque. Cada vez que estoy en un bosque me siento refugiado, protegido, tranquilo. A esa edad me comenzó a picar el bicho por cumplir este sueño. Por años me metía al portal inmobiliario y un día encontré una casa que cumplía con las características que yo quería, bien artística de arquitectura y de estructura interna. Ahí rayé la papa y cumplí el sueño», detalla.
¿Cómo es la casa?
«Es de madera nativa. Es chica. Es acogedora, como una cabaña, bien rústico todo. La calefacción es con Bosca, me encanta ir a cortar leña. Yo soy bien pro tecnología, pero me gusta la onda rústica».
Cero tecnología ahí.
«No hay señal de internet. Yo descargo discos, los llevo descargados y me compré un aparato de reproducción. También llevo una guitarra, me sirve para componer. Hay gente a la que le gusta estar más conectada o tener una vivienda en una ciudad o en la playa, pero a mí me gusta la idea del retiro, es bonito».
¿Va seguido?
«No tanto como quisiera. La tele consume harto y además tengo dos proyectos de podcast y dos proyectos de bandas, los tiempos no son los que quisiera para disfrutarla como me gustaría hacerlo, pero cada vez que puedo me pego una arrancada. Voy como cuatro veces en el año, como cada tres meses. En ocasiones sólo por el fin de semana, es que no puedo dejar la casa sola mucho tiempo, porque requiere cuidados».
¿En invierno o en verano?
«Da la curiosidad que voy más en invierno. Igual es jodido el invierno, cuando uno está allá te das cuenta de que hay una idealización y un romanticismo con el sur, pero cuando está lloviendo es complicado».
¿Lleva su hija?
«Sí, le encanta. Los dos somos de la misma onda. En la noche salimos con una linterna a hacer expediciones nocturnas. Da miedo, ahí está la gracia, la adrenalina».
Si la casa está en medio de la nada ¿cómo lo hace si se queda sin azúcar?
«Tengo un almacén como a 30 minutos, pero en auto, sin auto me quedo encerrado ahí para siempre, jajajá».


