Aymar anhela que su deporte sea más masivo en el país
Lucha Aymar también fue contactada por las hockistas cubanas que se quedaron luego de los Juegos Panamericanos.
«Oleeé, oleeé, oleeé…Luuuchaaa, Luuuchaaa», cantan los incondicionales hinchas albicelestes en la antesala del partido entre Argentina y Corea del Sur por el Mundial Junior de Hockey Femenino, que se desarrolla en el Estadio Nacional, al divisar a Luciana Aymar. Y ella responde agradecida. Las fotos, abrazos y autógrafos se multiplican. Todos quieren estar cerca de la ex Leona, que se emociona al sentir tanto cariño. Han pasado casi nueve años de su retiro, y así lo rememora.
«La verdad es que pasé por muchos momentos. Fue un gran desafío para mí, porque realmente como siempre digo mi matrimonio más largo fue con el deporte. Y tener que adaptarme a esa ruptura los primeros años no se me hizo fácil. Lo sufrí, estuve bastante triste, extrañaba mi rutina, la competencia, ser quién era yo dentro de un campo de juego y de un día para otro eso no lo tienes más, y no sabes cómo reinventarte o dónde trasladar esa adrenalina que uno tiene en otra cosa. Y de a poquito me fui encontrando conmigo misma, a conocerme también, porque de hecho era como un robot», describe sobre lo que sintió después de que el 8 de diciembre de 2014, en Mendoza, puso punto final a su carrera.
Elegida ocho veces la mejor jugadora del mundo y reconocida como Leyenda del Hockey en 2008, la trasandina ganó a lo largo de sus casi dos décadas de carrera cuatro medallas olímpicas: dos platas y dos bronces, y dos Mundiales; por lo que decir adiós no fue fácil: «Me sobraba el tiempo y no estaba tan acostumbrada a eso, así que fue como un poco de terapia al principio y después conocí a Fer, y él me ayudó mucho a pasar ese proceso».
Fernando venía, además, de vivir algo parecido un par de años antes.
«Sí, pero él lo transitó de otra manera. Para él dejar de jugar le generó mucha felicidad y para mí fue todo lo contrario. Y el haber encontrado a Fer en ese momento me ayudó y me dio muchísima felicidad. Y la tristeza poco a poco se fue yendo».
¿Y ahora qué siente al venir como espectadora a un mundial junior, donde justamente empezó su carrera internacional?
«Son muchos recuerdos porque fue mi primer mundial el de Corea del Sur, en 1997, así que realmente es muy lindo. Compartí además con la mayoría de mis compañeras con las que luego estuvimos muchos años en la selección mayor. Esa camada fue muy fuerte del hockey. El junior es una vez nada más, entonces lo que uno trata de transmitir a estas generaciones nuevas es que lo disfruten y que lo aprovechen porque es un mundial, después ya se vienen todas las responsabilidades del mayor, que son mucho más grandes».
¿Cómo vio a Las Diablas en los Panamericanos?
«Chile tuvo un crecimiento enorme, con Cacho (Vigil). El haber clasificado a un mundial fue un logro importante, no solamente por jugarlo sino que te da la posibilidad de jugar con equipos grandes y también de hacerlo un poquito más masivo. El hockey en Chile todavía puede ser mucho más popular de lo que es y creo que estos resultados hacen que la gente se acerque mucho más».
La vimos llegar con algunas de las hockistas cubanas que se quedaron luego de Santiago 2023.
«A mí me llamaron porque ellas me querían conocer, entonces fui a saludarlas un día. Y a partir de ahí trato de estar cerca. Ya las invité a casa a comer y les hice un asado. Me contaron sus historias personales y cómo tomaron la decisión de quedarse, es duro. Y las invité a que vengan a ver el partido, los clubes están súper abiertos a invitarlas a entrenar, la verdad es que la gente está ayudando un montón».
¿En qué otras cosas está ocupada en este tiempo?
«Estoy haciendo charlas en empresas, motivacionales, de liderazgo, trabajo en equipo, algunas acá y la semana que viene voy a Argentina. Viajo mucho para allá por este tema, aunque ya no tan seguido por los chicos, sino las hago por zoom. Me entretiene porque es una forma de poder transmitir las vivencias, experiencias y conocimientos que te dieron 20 años de alto rendimiento».


