En su largo recorrido de varias décadas, las temporadas de conciertos de la Fundación Beethoven han mostrado muy marcada dedicación a la llamada música de cámara, aquella que está destinada a la interpretación de grupos pequeños, cuyas conformaciones despliegan un gran abanico de posibilidades instrumentales.
Siendo los cuartetos de cuerda y los tríos de violín, cello y piano los conjuntos de mayor recurrencia, la reciente llegada del Trio Poulenc fue una novedad absoluta al estar integrado por: oboe, fagot y piano. Junta algo inusual y rara, muy rara.
Ya que tan curiosa conjunción instrumental posee un repertorio extremadamente acotado, la actuación del grupo visitante despertó especial expectación por saber qué se iba a escuchar, teniéndose claro que el programa depararía, sí o sí, más arreglos que obras originales. Y así sucedió, con atractivos muy especiales.
Lo único 100% auténtico fue el Trio de Francis Poulenc (1926), difícil de encasillar por su diversidad temática que tributa a estilos de tiempos pasados, incorpora humor, abre espacios de amable melancolía melódica y culmina con agitados sones bailarines de una tarantela napolitana. Sea lo que sea, es la obra más famosa para esta rareza sonora y expone una galería de oportunidades solísticas que aquí fueron muy bien servidas por músicos del mejor nivel.
Casi auténtico resultó «Explain yourself» de Viet Coung (1991), compuesto especialmente para el grupo, con un agregado de clarinete aquí ausente. Eso ni se notó, porque la pieza resultó portar atractivos gigantes, con pasajes juguetones entre el oboe intervenido y el piano, receptores de inevitables risas y un merecido gran aplauso.
En el resto del programa estuvieron esos necesarios arreglos que se presentían. Lo que despertó menor interés fueron transcripciones de canciones de Poulenc, de poco sabor, pero en lo demás hubo muchas y buenas sorpresas. De Shostakovich impactó el paso de una ensoñadora «Romanza» (Gadfy) a un endiablado «Paseo por Moscú», con la pianista multiplicando sus dedos. También se incluyó una transcripción de un trio de Glinka, notable, y una fantasía sobre temas de la ópera «La italiana en Argel» de Rossini con un oboe que parecía cantar. Puro virtuosismo y calidad interpretativa.
Más de alguno de los asistentes a este programa tan inusual y exploratorio puede haber quedado desconcertado, señalando que es bueno el cilantro, pero no tanto.


