De los 28 puntos logrados por los azules en el torneo, 19 han sido en calidad de forasteros y apenas nueve en casa
La presencia de la hinchada puede ser un arma de doble filo, dice la sicóloga deportiva Renata Almada. El DT Gustavo Álvarez dice que no influye, porque el equipo nunca se desmorona.
De los 28 puntos que ha obtenido Universidad de Chile en el Torneo Nacional 2024, 19 han sido conquistados jugando de visita, con seis victorias y un empate; y apenas nueve como local, con sólo dos victorias y tres empates.
La derrota de este último fin de semana en el clásico universitario ante Universidad Católica profundizó esta situación.
¿Por qué jugar de local no ha sido una ventaja para los azules últimamente? «Pese al hermoso espectáculo de la hinchada, sí tiene que ver con eso», dice la sicóloga clínica y deportiva Renata Almada, ex panelista de TNT Sports.
«La presencia de la hinchada puede ser un arma de doble filo: puede ser positiva porque ser elogiado, animado y reconocido estimula una parte del cerebro en los jugadores que se llama amígdala, que se asocia a las zonas de recompensa, instinto e impulso, lo que ayuda en la motivación y también en reducir la percepción del esfuerzo. Pero cuando agregamos el aumento de la expectativa de la hinchada en relación con el rendimiento del futbolista, puede ser un factor de merma del desempeño», explica la comunicadora deportiva.
«Pero no es culpa de la hinchada, sino de la interpretación que los jugadores le entregan a la presencia del público, lo que los lleva a sentirse amenazados y más tensionados, perdiendo precisión», añade Renata Almada.
El DT de la U, Gustavo Álvarez, no cree que la diferencia de rendimiento entre los partidos de local y de visita guarde relación con el factor sicológico: «Yo creo que no, porque el equipo nunca se desmorona. Nos pueden faltar ideas por momentos, pero me parece que el equipo tuvo el empuje, el corazón, el carácter de partidos anteriores y hasta la última pelota podíamos haberlo empatado», dijo en conferencia de prensa, refiriéndose al clásico.
«Como local nos está costando ganar, pero los motivos son diversos. Hay muchas cuestiones técnicas, tácticas y estratégicas, que tienen que ver con la no obtención de triunfos como local en los últimos partidos, pero no hay un patrón coincidente», afirmó Álvarez.
La sicóloga cree que no es casualidad que las únicas dos victorias que la U ha tenido como local hayan sido en las primeras fechas del campeonato, cuando todavía no existía la expectación que existe hoy sobre el equipo: «Cuando aparece esa exigencia intrínseca por ganar, el futbolista lo percibe como amenaza. El apoyo se convierte en amenaza cuando siento que no puedo responder a esa expectativa», explica.
Guillermo Cáceres, sicólogo deportivo del Instituto Nacional del Deporte (IND) de la región del Maule, dice que este problema es recurrente en «los equipos que llegan con cargas de temporadas anteriores. Eso se traduce en una presión que sienten los jugadores, que cargan con esa mochila porque participaron en torneos anteriores con malos resultados. Es una desesperanza aprendida. Ahí jugar de local se transforma en una desventaja».
«Los factores muchas veces son internos. Ellos mismos, la presión que se auto imponen, pero también externos, de la prensa, de la hinchada o el ambiente que se genera en el estadio, como esos murmullos que se escuchan cuando hay errores en los pases», explica Cáceres.
Para el profesional, el momento en que la U comenzó a sentir esa presión fue después de que ganó el clásico contra Colo Colo. «Desde entonces, la presión de la prensa los obligó a tener otro objetivo. Cuando comenzó la temporada, la U no tenía tanta presión ni disposición al título», dice el sicólogo.
«Ocurre en la mente del jugador el temor a equivocarse, y ese temor paraliza, lo que piensa en su mente el cuerpo no le responde. Se genera al tener una gran cantidad de ojos encima, más allá de si te apoyan, te pifian o te aplauden», explica Guillermo Cáceres.
Cuando esto ocurre, añade Renata Almada, «se activan las zonas del cerebro relacionadas con el riesgo, los juicios y la toma de decisiones: el córtex prefrontal y la zona ventral del núcleo estriado. La atención cambia, desde los elementos relevantes del partido, a centrarse en el resultado y sus consecuencias, pues empiezan a anticipar escenarios negativos sobre las posibles consecuencias de una derrota».
«Cambia lo que se llama comunicación motriz y afecta al juego asociado, porque cada uno intenta proteger su propia integridad», explica.
¿Y cómo se soluciona? «La gestión de las emociones, que se trabaja por medio de una intervención individual y grupal, con la producción de pisos de confianza dentro del mismo juego. Es un proceso largo», agrega Cáceres.


