El baño caliente en la noche es el servicio favorito de los huéspedes de sus cabañas en Pocoihuén
Tiene que meter leña cada una hora y revolver el agua con una cuchara de palo gigante. Antes de cada uso, hay que vaciar el recipiente y desinfectarlo.
«La magia del sur es ver la tinaja humeante, pero está el otro lado: cómo lograste que humeara. Ese lado B no es tan mágico», cuenta el periodista y hoy empresario turístico Germán Valenzuela. Está cada día más aburrido del tiempo y plata que gasta cada vez que hace funcionar una tinaja de agua caliente al aire libre.
El recordado reportero del programa «Buenos días a todos» se radicó en el pueblo de Pocoihuén, en la comuna de Cochamó (Región de Los Lagos) y administra sus cabañas turísticas Pocoihuen.cl. En el complejo cuenta con tres tinajas: dos para sus huéspedes y una para él y sus invitados. El panorama es tomar un relajante baño con vista al estuario de Reloncaví.
«Cerca del 90% de la gente que busca cabañas quiere con tinajas y las usa. Yo las instalé para ofrecer que se bañaran de noche, mirando las estrellas y el mar», cuenta.
El agua se calienta con leña y es un proceso largo: «Hay que programarte unas cinco horas antes para prender el fuego, y estar supervisando cada una hora cómo va la temperatura, hasta que llegue a un buen punto, entre 36°C y 40°C».
¿Qué hace en esas cinco horas?
«Hay que hacer el fuego, luego ir alimentando ese fuego para que no se apague. Cada cierto rato tengo que estar metiendo palos a la caldera y eso quita tiempo porque no puedes cargarla e irte. También tengo que estar revolviendo el agua con una especie de cuchara de palo gigante porque el agua parte calentándose por arriba, pero al fondo sigue helada. Necesito hacer un cambio porque soy emprendedor, no me puedo preocupar solo de calentar las tinajas, tengo que ocuparme de otras cosas para que las cabañas funcionen y estén impecables».
Y si los huéspedes demoran en usar la tinaja, tiene que seguir atento a ella.
«Sucede mucho en el sur que la gente no calcula bien la hora de llegada, me dicen que ocuparán la tinaja a las 18:00 horas, la tengo lista a esa hora y me llaman para avisar que vienen tarde. Acá los tiempos son distintos a los de la ciudad. No se recorren 50 kilómetros en una hora como en Santiago, tardas una hora y media por los caminos malos. La gente para a tomarse fotos y se queda pegada, llega a las 21:00. Y tengo que estar con la tinaja prendida hasta que llegue».
Las tinajas de Valenzuela tienen capacidad para cinco personas y consumen cerca de 2.000 litros de agua cada vez.
«Les cambiamos el agua siempre, las sanitizamos después de cada uso porque si no, el agua genera una película jabonosa. Es agua rica, que viene directo de la cordillera, pero le pasa eso. Vaciamos la tinaja después de cada uso y la limpiamos a mano».
Los huéspedes pagan $40.000 el primer uso y $30.000 el segundo, pero el costo de implementarla es bastante alto, porque la leña es cara.
«Se ocupan dos varas cada vez. Son troncos de 80 centímetros de largo y 33 de ancho. Una vara puede costar unos $16.000 en Puerto Montt, $11.000 si la voy a buscar yo al campo o $20.000 si la compro en Temuco. Entonces, gastamos desde $20.000 en leña para usar la tinaja una sola vez», detalla.
¿Usa la tinaja que compró para usted?
«No, por lo mismo. La mantengo con agua para que no se rompa la madera y cada vez que viene mi familia, mis primas, amigos, mis invitados, quieren usarla y les digo que el que quiera tinaja, tiene que vaciarla, limpiarla, llenarla y hacerse cargo del fuego. Me tratan de pesado, pero es para que se den cuenta del trabajo que implica, que hay que mantener el fuego porque si no, se enfría. Lo hago con todos, sin excepciones. Es fácil llegar de visita y pedir la tinaja. Más de una vez me hicieron limpiarla, tenerla lista y me salían después con que mejor que no. Llegó el minuto en que dije nunca más».
¿Se arrepiente de haber instalado las tinajas?
«Hoy día sí, aunque es un servicio que hay que tener. Me gustaría tener una alternativa un poco menos trabajosa, no quiero gastar más porque tendría que aumentarle el costo al cliente. Conozco gente que tiene cabañas y dejó de ofrecer tinajas porque se aburrió».
Para compartir su experiencia y buscar soluciones más eficientes, subió una historia a su cuenta de Instagram (@germanvalenzuelalisboa) contando sus avatares con el agua caliente. Le dejaron más de 1.000 comentarios, uno de sus posteos con más interacción.
Investigó y ahora quiere comprar un calefón industrial para usar gas para calentar el agua y leña solo para mantener la temperatura.
«De todos los proyectos que he visto, es el más accesible. Tendría que hacer una instalación especial, pero demoraría solo dos horas en calentar el agua. Cuesta cerca de $1.500.000», señala.
Otra opción que analizó fue usar pellet, pero ese combustible calienta menos que la leña.
También averiguó sobre la bomba de calor, que funciona igual que una piscina temperada, se puede activar desde el celular, mantiene el agua caliente, pero obliga a usar cloro. No le gustó.
«La gracia de la tinaja es que sea lo más natural posible», dice.


