No es una generación la que languidece, en este caso la Generación Dorada, es el comienzo de su despedida. A partir de ahora todos se volverán esporádicos.
Gary Medel tiene 36 años, cumple 37 el 3 de agosto próximo. Arturo Vidal ya tiene 37, cumplidos el 22 de mayo. Cualquier cosa que se diga sobre la decisión de Ricardo Gareca al no llevarlos a la Copa América tiene que partir de ahí. No los sacó el entrenador, los sacó el tiempo.
Que sus nombres aparecieran en el debate previo a la entrega de la nómina de viajeros a Estados Unidos obedece básicamente a la expectativa de los medios deportivos, usualmente innecesaria, de cerrar el ciclo con un título que ojalá incluya la palabra «polémica». Listo: no van Vidal ni Medel.
¿Polémica? Ni de cerca. Los mismos jugadores reaccionaron con una naturalidad que los intérpretes de emojis de las redes sociales no se esperaban. No hubo malas caras ni cortinas de humo y la Roja se embarca sin ruido a una nueva aventura continental, afianzada en su ánimo además por el contundente triunfo frente a Paraguay en el último amistoso preparatorio.
Ya no se hablará del famoso recambio. No al menos como se habló en los últimos seis años, desde la eliminación del camino a Rusia 2018. La Generación Dorada todavía tiene una patita en la Roja: de hecho, las salidas del King y del Pitbull se compensan desde la edad con los regresos de Mauricio Isla y Eduardo Vargas, para alargar el promedio junto a Alexis Sánchez. No va por ahí el punto, sino por un argumento que por fin emerge con claridad en la Selección: lo que realmente necesita el entrenador. Isla y Vargas volvieron porque en los puestos en que se desempeñan no hay tantas alternativas de calidad disponibles, lo que sí ocurre en los casos de Vidal y Medel.
El recambio fracasó, en la práctica, porque no estábamos preparados para prescindir, ni siquiera gradualmente, de los futbolistas que consiguieron las más grandes alegrías deportivas de un país volcado al fútbol como obsesión original, pero fracasó también porque a pesar de los años esos mismos futbolistas demostraron que la clase no se extingue por decreto, ni de un día para otro. Ellos se rebelaron contra el recambio y ganaron.
El único que podía vencer a Arturo Vidal y Gary Medel era el tiempo, lo cual en ningún casi significa que su victoria esté consumada. Todo lo contrario, está en la esencia misma del efecto del tiempo en las personas: es posible, y probable, que vuelvan como refuerzos transitorios o incluso como salvadores de emergencia, pero la suerte ya está echada. Sea cual sea el resultado en la Copa América, la Roja de Gareca es un punto de inflexión. Cuando vuelvan Vidal y Medel, porque yo creo que van a volver, será con pase provisorio y boleto de salida.
No es una generación la que languidece, en este caso la Generación Dorada, es el comienzo de su despedida. A partir de ahora todos se volverán esporádicos, como debe ser, mientras los futuros representantes de la ilusión nacional entrenan su pronto liderazgo. No es casualidad: hay más aspirantes a la gloria hoy que hace un par de años en la Roja. Llegar a esta certeza nos costó la eliminación de dos mundiales, con muchas derrotas aparentemente inexplicables, pero tampoco nos vamos a descubrir recién en eterna irregularidad. En nombre de los que vienen, y por respeto a los que ya emprenden la partida, la sensación de paz que esto produce es impagable.


