La kitesurfista hizo una caminata de 65 kilómetros con una mochila de 15 kilos
Con su pololo y amigos, fueron de Puelo a Cochamó, pasando por el lago Vidal Gormaz.
La kitesurfista Carmen Verdeyen se prepara en Riñihue para los desafíos internacionales que tendrá desde marzo, donde sueña con conseguir un cupo para los Juegos Olímpicos de París 2024.
Eso no le quita espíritu aventurero, porque festejó la llegada de sus 29 años con una caminata de 65 kilómetros y una mochila de 15 kilos, acompañada de su pololo y amigos, en el sur.
«Pangal siempre nos había contado de un trayecto desde Puelo a Cochamó. Es una caminata que dura como cuatro o cinco días, pero como los chiquillos no pueden hacer una aventura sin reto, decidimos hacerlo en menos tiempo. Nos demoramos dos días y medio», cuenta la deportista nacida en Bélgica.
Los «chiquillos» son su pololo Giorgio Caiozzi, sus amigos Francisco Iribarra, Ignacio Blanco y Pangal Andrade.
Partieron la mañana del martes 6 y le avisaron a una colona que vive al lado del lago Vidal Gormaz, casi en el límite con Argentina, que iban a llegar en la noche. La mujer no les creyó.
«Empezamos a caminar a las 8.30. Metimos buen ritmo, harta subida y bajada el primer día, 32 kilómetros con harto desnivel y las mochilas llenas de comida. Habremos parado una hora, una hora y media. En total, fueron nueve horas de caminata. Llegamos donde la señora Luisa y no lo podía creer. Pensó que no íbamos a llegar. Por suerte, tenía una cabaña con estufa a leña y literalmente cerramos la puerta y se largó a llover», relata Verdeyen.
Los colonos de la zona, cuenta la deportista, viven aislados y bajan a los pueblos cada tres o cuatro meses, a comprar lo justo y necesario. Uno de ellos los llevó en lancha por el lago Vidal Gormaz porque la meta del segundo día era llegar a los campings de La Junta.
«La primera parte estuvo dura, porque sentíamos en el cuerpo la caminata del día anterior. Y llegamos al río del que nos había contado Pangal, con cascada, un arco de piedra en que arriba crece un alerce. Nos bañamos en el río y pudimos retomar un poco de energía. Es impresionante cómo ayuda el agua fría con los músculos, uno queda totalmente renovado», dice.
Llegaron a las 7 de la tarde a La Junta, donde no cabía ni un alfiler de tantos turistas que había, así que acamparon al lado de río, con un toldo como techo y una manta como piso. Tuvieron suerte, porque no llovió ni pasaron frío.
El jueves, el día del cumpleaños de Carmen Verdeyen, llegaron a Cochamó. «Un piquero en la mañana en el río y una bajada por los toboganes de Cochamó, entretenido. Todos me preguntaban si dolía la piel con el roce de la piedra en el descenso por los toboganes, pero como siempre baja agua por ahí se forma una capa de musgo, así que no te estás raspando por las piedras. Hay que tener cuidado, igual, porque uno agarra velocidad», agrega ella.


