El ejercicio es por lejos el mejor analgésico, explican especialistas
La Red de Salud UC Christus y el Núcleo Milenio MiNuSPain acaban de lanzar una guíapara entender y enfrentar este problema médico.
«En personas sanas, el dolor funciona como un sistema de alarma que nos indica que estamos siendo afectados por un peligro. En cambio, el dolor crónico es un problema en sí mismo y a menudo persiste incluso cuando el peligro ha desaparecido». Así lo explica el libro «Dolor Crónico, una guía de ayuda para pacientes», que presentó la Red de Salud UC Christus y el Núcleo Milenio MiNuSPain.
El volumen, que será distribuido de manera gratuita y se puede leer online en https://acortar.link/vXVlKp , tiene como objetivo ser una herramienta para que los pacientes puedan comprender y manejar este mal.
Solange Rivera, médico familiar, miembro de la Unidad de Dolor Crónico de UC Christus, estuvo a cargo de la edición junto a la investigadora Margarita Calvo. En el libro participaron 17 profesionales de distintas áreas y se nutrió de varias entrevistas a pacientes.
Rivera comenta que uno de cada cuatro chilenos tiene dolor crónico, así como una de cada tres mujeres lo presenta.
«Se define como crónico cualquier dolor que una persona pueda tener por más de tres meses. A partir de esta temporalidad se producen cambios en nuestro cerebro y en nuestro cuerpo que condicionan ese dolor y lo hacen en sí mismo una enfermedad, más allá del origen del dolor. Las personas con dolor dejan de moverse por el dolor y eso atrofia la musculatura. A su vez, eso perpetua el dolor, aparece la ansiedad por no tener una explicación, y la ansiedad activa mecanismos de alerta que hacen que el dolor se siga amplificando. Es una escalada», dice.
¿Qué cambios genera este dolor crónico en el cerebro?
«Si me golpeo la mano y la sobo, después de unos minutos el dolor se va a pasar. El cuerpo humano es tan perfecto que es capaz de producir analgesia cuando sientes dolor. En personas con dolor crónico estas sustancias capaces de producir analgesia endógena no están en la cantidad necesaria».
¿Por qué en algunas personas el sistema de alerta deja de funcionar bien?
«Lo que se cree es que hay una disposición genética a tener más dolor, a que falle este sistema de percepción del dolor. Las estadísticas muestran que en su mayoría los pacientes afectados son mujeres, no se sabe si eso tiene un sustrato biológico o por condicionantes ambientales y sociales. Aún no se conocen todos los mecanismos que explican el origen del dolor crónico»
¿Hay mucho mito en torno a esta enfermedad?
«Sí, y eso puede condicionar el pronóstico. Suele ocurrir que el alivio del dolor lo focalizan en encontrar la causa, más allá de encontrar todas las condiciones que pudieran estar perpetuando ese dolor, y que a veces son mucho más relevantes en el tratamiento. Lo otro es que estos pacientes tienen un recorrido donde han tenido muchas experiencias de devaluación de sus síntomas. Tienden a ser catalogadas de hipocondríacas, que el dolor es psicológico, que no ponen de su parte. Este libro ofrece contenido para los pacientes sepan que lo que tienen es real y que el tratamiento efectivo es interdisciplinario, es mucho más que tomar medicamentos».
El ejercicio y la dieta son claves.
«El ejercicio es por lejos el mejor analgésico para el dolor y es súper desafiante poder explicarle a los pacientes que moverse los va a ayudar a que les duela menos. El ejercicio tiene un efecto en relación a las sustancias químicas que se producen en el cerebro que entregan analgesia. La dieta inflamatoria está orientada a disminuir todos los componentes nutricionales que pueden ser proinflamatorios, porque parte del sustrato fisiopatológico del dolor crónico tiene que ver con la producción de una inflamación crónica que pueda estar perpetuando el dolor».
¿El dolor crónico parte por un dolor físico o lesión?
«No necesariamente. En la fibromialgia no hay lesión. Es un dolor que puede ser o no de origen músculo esquelético, neuropático».


