Se trata de un sector económico en crecimiento que abre nuevas opciones para los estudiantes
Los nichos son diversos, desde el tradicional trabajo en el campo, hasta el desempeño en bancos evaluando créditos.
En los últimos cinco años las carreras agropecuarias son el área del conocimiento que muestra mayor incremento de matrícula: pasaron de 35.717 alumnos en 2021 a los 44.437 este año. El alza es de 24,4%, según los datos del reciente informe de matrícula publicado por el Servicio de Información de Educación Superior (SIES) del Mineduc.
La matrícula se desmenuza en distintas especialidades, impartidas por universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica, que van desde técnicos a profesionales, con sueldos promedio que pueden llegar a más de $1.000.000, dependiendo de la carrera (ver tabla con datos de www.mifuturo.cl).
Se trata de un sector clave para la economía chilena, que, de hecho, en 2024 fue el segundo en crecimiento detrás del cobre. De ahí que sea un área que cualquier joven que esté pensando en su futuro debe mirar.
Obviamente, la primera especialidad que se viene a la mente cuando se habla del campo es Agronomía. ¿Qué hacen? «Ante todo, los agrónomos producen alimentos», aclara de entrada Gabriela Cofré, directora de Agronomía de la Universidad de Talca, carrera que acaba de ser acreditada por siete años.
«Buscamos que los titulados sean profesionales capaces de tener pensamiento crítico y resolver problemas de forma innovadora, también con un enfoque muy fuerte en la sustentabilidad», explica.
El foco es gestionar y desarrollar mucho trabajo en terreno. «Las empresas nos dicen que nuestros agrónomos son capaces de adaptarse rápidamente a los nuevos desafíos, y por eso son atractivos en el mercado», comenta.
Una característica es que son profesionales versátiles. «Estamos ubicados en la parte productiva, en huerto, con los cerezos, los manzanos, los avellanos, pero además se puede estar en la parte comercial. Hay muchos insertos en las exportaciones, algunos trabajando en el extranjero como contraparte de la fruta que exportamos. También en el servicio público», señala.
Un nicho laboral poco conocido son los bancos. «La persona que va evaluar un crédito para el agro tiene que conocer el ciclo productivo de un agricultor, que no va a recibir sueldo todos los meses», asegura la académica.
Más tecnología
El enfoque práctico caracteriza a los ingenieros agrícolas, cuenta Olivia Córdova, subdirectora de la Escuela de Ingeniería y Recursos Naturales Duoc UC, donde se imparte Ingeniería Agrícola. «Los estudiantes tienen una base técnica importante, que les permite desenvolverse en distintos ámbitos de la producción agropecuaria», indica. Su orientación es el uso eficiente de los recursos. «Hay un componente fuerte de gestión predial y de sostenibilidad, que diría que es lo que diferencia esta carrera de otras», destaca.
Sus egresados trabajan, por ejemplo, en asesorías técnicas a grupos de agricultores, administración de predios, proyectos de innovación agrícola y riego. «Con los programas de fomento en el agro se vinculan más», aclara. «También hay una creciente demanda por implementar determinadas tecnologías como riego tecnificado, monitoreo satelital y energías renovables».
Nuevas tareas
Hace 15 años atrás un técnico agrícola se preocupaba principalmente del proceso productivo de una unidad. Por ejemplo, se dedicaba a una plantación y durante el año agrícola tenía presente los grandes hitos, como la fertilización y riego, indispensables para obtener una fruta de calidad.
«Hoy en día ese perfil ha cambiado, porque las empresas demandan técnicos que, además de dar respuesta eficiente a esos requerimientos productivos, también tiene que gestionar recursos. Actualmente están ocupando mandos medios al interior de las empresas. Son jefes de cuadrilla, de sector o de campo», explica Roberto López Acevedo, jefe de la carrera en el CFT San Agustín sede Talca.
Esta variación obligó a las instituciones a adaptar sus mallas de estudio. «Los técnicos agrícolas hoy están encargados de la gestión administrativa, las compras, los inventarios, no tan solo del manejo productivo, y tienen que estar preparados para los nuevos requerimientos de la industria», advierte.
Pueden trabajar en empresas de hortalizas, frutas y cereales de exportación, también en la producción de aceite de oliva, leche, carne y vinos.
Especialistas
«En la región es importante la producción de ovinos, bovinos y caprinos, y la fauna silvestre, para protegerla y que conviva con las otras especies», sostiene Andrea Müller, docente de Medicina Veterinaria en la Universidad de OHiggins y académica del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3).
La carrera tiene su sede en San Fernando, donde se relacionan con la comunidad. «Nos enfocamos harto con la agricultura familiar campesina, también con equinos, ya que en esta región hay muchos caballos» agrega.
Luego de una formación integral sus alumnos pueden especializarse en distintas áreas. «Tienen que seguir haciendo un diplomado o más cursos, relacionados, por ejemplo, con medicina equina, producción, clínica de animales mayores o clínica de pequeños», señala.
Una de las principales salidas laborales son las clínicas veterinarias, incluyendo los emprendimientos que arman algunos egresados. «La idea es que los alumnos se especialicen y luego retornen con este conocimiento a la comunidad de donde vienen, en la región», comenta.
«También trabajan en producción de diferentes especies, salud pública, ministerios o seremi, para ayudar en desastres, por ejemplo, incendios o temporales, en laboratorios, en centros de investigación y en empresas alimentarias. Nosotros vemos lo que tiene que ver con inocuidad alimentaria en alimentos de origen animal para las personas o en alimentos para animales», sostiene la académica.



