El podcast En las buenas y en las malas trae la mejor versión de dos ex CQC.
Este 21 de julio debutó en YouTube un podcast que le causará sólo dos tipos de emociones, excluyentes entre sí: lo odiará o lo amará. Se trata de «En las buenas y en las malas», a cargo de Nicolás Larraín y de Pablo Mackenna. En una de las entregas, de poco más de una hora, escuché que abrieron con una canción que decía que allí estaban «el bueno y el malo, nos cansamos del feo». Posible alusión a Felipe Bianchi, con quien incursionaron hace cuatro años en «Vía X» («Los conductores»).
Este nuevo paso por la pantalla chica me confirma lo que siempre he pensado: que Mackenna perfectamente podría hacer stand-up. De hecho, ya ha incursionado en esa disciplina. Tiene ingenio, es culto y material no le faltará, con lo acontecido que es.
Nicolás es el rey de la dispersión, lo que puede ser un plus en ciertos ámbitos, pero un problema en otros, como el trapecismo o el manejo de una central nuclear, por ejemplo.
La química entre ambos, que data de «Caiga Quien caiga», no necesita que ensayen sus diálogos. Larraín le cuenta a Mackenna que está practicando el desayuno intermitente y este último le pregunta, al ver lo bien alimentado que está: «¿En qué consiste tu intermitencia? ¿Cinco minutos sin comer y una hora comiendo?».
Se ríen de quienes creen en aquello de Mercurio retrógrado y desmenuzan, como si se tratara de una nueva especie descubierta, la errática progresión de las declaraciones de Kaminski acerca de sus vínculos con «el rey de Meiggs». Pato es la voz en off e interactúa con ellos. Me recuerda al Pelado Lira del «Extra Jóvenes».
Surgen revelaciones íntimas y sorprendentes. Una: cuando Pablo vivía con el Rumpy y los Fiskales Ad-Hoc, esos músicos le hicieron una canción cuyo punketa estribillo bramaba: «Hoy amanecí amackennado».
El poeta incurre de cuando en cuando en opiniones que de seguro le quitarán seguidoras al programa. Por ejemplo: «Que el gerente se coma a la secretaria está en el origen mismo de la humanidad» (hablaban de los amantes pillados in fraganti en el concierto de Coldplay). De partida, asumió que la mujer no era gerenta, como su galán prohibido. O cuando desliza que la actriz Gwyneth Paltrow es «histeriquilla».
A ratos Nicolás parece un niño (no descartemos que siga siéndolo). «¿Me debería parar y saludar a tu mamá?», pregunta él (esto se emite, por las mañanas, desde la casa donde vive Pablo), ante lo que su partner le responde, reprendiéndolo tiernamente: «Nicolás, tendrías que nacer de nuevo para saber qué deberías haber hecho». Se aman.


